Sixto Durán-Ballén en su posesión como Presidente del Ecuador 1992–1996.

SIXTO DURÁN-BALLÉN CORDOVEZ

por Luis Carrillo Andrade, publicado en Diario LA GACETA

El arquitecto Sixto Durán-Ballén expiró a la hora de la siesta, dicen a las 16:15 del martes 15 de noviembre de 2016, en su domicilio, rodeado por su idolatrada mujer Josefina (Finita) Villalobos y sus hijas.

Soy testigo de una parte de su vida. Serví en su gobierno, y tuve el honor de recibirle — junto a mi familia — en mi casa, en la que hizo un alto a su ajetreada actividad proselitista desarrollada en esta ciudad y provincia. Por el lugar que recorría existían muestras de cariño y respeto para él, y si alguien no respondía a su cortés petición de concederle el voto, cordialmente se despedía. Apuntando que los electores tienen derecho a compartir o no con sus ideas, a sus acompañantes en las correrías de la actividad política nos dio pautas para proceder con relación a los rivales políticos, indicando que hay que consentir los reproches, pues a lo mejor ellos tienen la razón, y no hay que responder con escarnios y broncas las rabias del opositor, por eso fue amigo de consensos y no de conflictos. Constantemente sus respuestas tenían lógica y conocimiento, demostrando que para que exista armonía entre competidores políticos hay que apelar al pluralismo, sendero por donde recorre la democracia. En pocas palabras, él fue un gran señor, nunca causo daño a persona alguna.

Una tarde, luego de un largo camino por la urbe solicitando a los votantes una vez más le auspicien como candidato a Diputado Nacional, después de alimentarse requirió le permitan tomar su sienta. Tomamos las medidas preparando una habitación para el descanso del presidente Sixto, pero no contamos con las diabluras de mis retoños y sobrinos — que para ese entonces eran niños — , que campantemente se habían tomado la habitación preparada para el Presidente, mirando la televisión con dibujos animados, sin dejar de llevar unas cuantas mandarinas en vez de canguil. Y al llegar al dormitorio con el Presidente para que se acueste, la habitación estuvo invadida por los chiquillos, acto este que de mi parte tuvo la reprimenda oportuna ofreciendo disculpas y disponiendo prestamente que desalojen al aposento. En ese instante vi al tierno y cariñoso abuelo consentidor, mimados de críos, un abuelo que nunca descuadró reproche algún; todo lo contrario, entabló conversación con los pequeños para después ir tranquilamente a reposar. Pasados unos treinta minutos de descanso, que precisaba por su dolencia en la columna vertebral, se aseó y continuamos nuestra caminata de pedidores de votos. En eso notamos — pues yo iba junto a su ayudante en el asiento posterior del vehículo — que dos pepas de mandarina que habían dejado los chavales en la almohada, se habían adherido a su cabeza de escasos pelos canosos, y no sabíamos cómo despegarlas. Por fortuna, el movimiento del carro hizo lo que nosotros no nos atrevimos a intentar.

El presidente Sixto además fue generosos con la ciudad y la provincia. Contribuyó poniendo el ejecútese al proyecto de Ley de Creación de la Universidad Técnica de Cotopaxi, iniciativa del diputado Roosevelt Icaza Endara, respaldada por el Dr. Oswaldo Coronel Arrellano y mi persona, y en el periodo siguiente, continuando su trámite por el diputado Fabián Fabara Gallardo. A esta Institución le entregó dinero para su funcionamiento, y así mismo, apoyó con cuatrocientos millones de sucres para la construcción del Coliseo Mayor, que se otorgó en la Sesión Solemne del 11 de noviembre de 1994 (Construyó el Cuerpo de Ingenieros), compromiso requerido por mi persona y que lo ejecutó el Secretario de la Administración Carlos Larreategui Nardi. También impulsó la conclusión de las obras del Coliseo Mayor por gestiones realizadas por el diputado Fabián Fabara Gallardo; a esto de sumar la contribución que cumplió a través del Lcdo. José Vicente Maldonado, secretario de la Administración, concediendo ochocientos millones de sucres para el agua potable de Salcedo (El Carrizal) en la administración del alcalde Jaime Mata, y dispuso el acomodamiento e iluminación de la pista del Aeropuerto de Cotopaxi. Testigo de la ayuda concedida en el gobierno del Arq. Sixto Durán-Ballén a la ciudad de Latacunga es el doctor Rubén Terán Vásconez, así como los ex Alcaldes y Prefecto de la época, que recibieron recursos (extra presupuesto) gracias a la benevolencia de tan distinguido gobernante.

Su dilatada vida pública es de conocimiento del pueblo ecuatoriano, dejando aciertos y desaciertos al juicio de la historia. El suceso que nadie olvidará es su acertada conducción política en la guerra que Ecuador ganó al Perú en la hoya del Cenepa (1995). Él unió al país, agregando a la población con su frase célebre: «Ni un paso atrás». Y como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas fue prudente, pues jamás se puso charreteras para hacer valer su Autoridad. Siempre fue un hombre noble, sencillo y comedido.

Descanse en paz, recordado amigo Presidente.

Hasta la próxima parada, donde me deje el Tren Bala.