Destrampe

Y más fueron las ganas de bailar con ella toda la noche, a pesar de las miradas, de la lluvia, de la hora. Mis pupilas se llenan con su sonrisa y mis manos posadas en su cintura era la gloria negada hace cientos de noches.

Esto no fue fácil. Tuve que planearlo durante meses llenos de conjeturas y posibles acciones a mi favor. Sin embargo, ella nunca estaba sola, habitualmente, andaba de la mano de alguien, sea pretendiente, enamorado o novio; bonita y de buena familia, ¿qué más se quiere? Yo, siempre pendiente, apenas veía en las redes sociales su cambio de situación sentimental de “en una relación” a “soltera”, iniciaba alguno de mis planes maquinados durante mucho tiempo. Pero ella me dejaba en visto o me contestaba con un “ola” tan frío y horrográfico que me dolía. Aun así, seguía intentando hacerle la conversa para hacerla reír y nada. Poco tiempo después, miraba en su perfil una nueva relación con un nuevo individuo. Momento en que moría lentamente, en cómodas cuotas.

Pasaba el tiempo, se acercaba el baile del pueblo y la niña amarrada con alguien. No mismo. Cuando estaba a punto de darme por vencido, en el día mismo de la fiesta, sucedió lo inesperado, apliqué una estrategia que nunca se me hubiese ocurrido en la vida: emborrachar a su actual novio para yo ocupar su lugar. En pueblo chico nos conocemos todos y no me resultó difícil esta acción en día de efervescencia popular.

Actué. Obtenida la información de mi ebria competencia sobre el punto de encuentro con su pareja, lo mandé a su casa en taxi. Ahora todo estaba a mi favor. Fui a casa a bañarme, cambiarme y arreglarme lo que más pude (no se puede hacer milagros tampoco). Llegué con diez minutos de anterioridad, lleno de nervios nivel Dios. Cuando la vi, no sabía cual de las mil maneras que tanto imaginé para hablar con ella utilizar, solo atiné a decir:

-Hola, ¿cómo vas?-

-Hola, ¿qué tal? ¿No le has visto al Mauri?-

-Por eso mismo vengo. Sabes que está un poquito tomado y tuve que llevarle a la casa. Pero me dijo que venga a verte para avisarte-.

-Sí, gracias. No me contesta el celular, ya estaba preocupada-.

Y un silencio incómodo reinó en ese momento. Cuando miré sus intenciones de marcharse tuve que utilizar la vieja y confiable frase:

-Estás muy guapa. Ya sé que soy bien feo, (risas) pero talvez no quieres ir al baile conmigo?-.

Luego de tres horas estamos aquí. Posiblemente al final de la noche la bese y punto. Quizá se me pase el gusto; así, no volverla a ver ni buscarla nunca más. Ya teniéndola frente mío, esta guagua ya no me inspira confianza. ¿Qué pensaron, una historia de amor? Por favor, no todo en la vida es así.