Imaginario

Absurdamente solo en la multitud,
figuras femeninas cubren mi necesidad,
respiran mi aire, me brindan su cuerpo;
¡cómo desearía entregarte a ti mi aire!
¡Qué deseos tengo de tu cuerpo!
Sin embargo, no apareces,
y solo tu nombre me persigue, jadeante,
en una casería que no anuncia su final.

Aquellas letras asesinas de mi orgullo,
buscan su corporeidad definitiva,
más me desespero y tú no cristalizas
aquella silueta de fantasía.
¡Dios! ¿Por qué no llegas?

Penélope, Beatriz, Dulcinea, ¿quién sois?
¿Acaso ninguna de ellas? cierto, ninguna.
Porque para mí tienes nombre propio,
nombre de princesa, nombre inmortal,
que mil veces me desespera
y otras dos mil me cautiva.