Este no es barrio para viejos

En mi barrio hay cada vez más gente con barba y ropa vintage. Están ahí, parados fuera de algún bar o café trendy, bebiendo cerveza artesanal o zumos orgánicos de cultivo de proximidad.

En mi barrio hay cada vez menos tiendas locales. Están ahí, con poca clientela y marcas poco conocidas ofreciendo plásticos, ropa o perfumes, esperando a la subida del alquiler o la oferta de compra millonaria.

En mi barrio sigue habiendo muchas fruterías. Están ahí, radiantes, coloridas y amigables, atendidas por una diversidad de nacionalidades y culturas.

En mi barrio hay cada vez más ambulancias. Están ahí, estacionadas afuera de algún edificio con las puertas abiertas, a la espera de quien la necesita.

En mi barrio hay cada vez menos viejos. Están ahí, viéndolo todo pasar y probablemente pensando que esto ya no es lo que era, sintiéndose inadecuados en su barrio de toda la vida.

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