Concepto, coherencia y personalidad: Las bases de una identidad visual.

Cuando nos enfrentamos a un proyecto de diseño y desarrollo de una identidad visual para una marca, bien sea por un rediseño o para la creación de una marca desde cero, debemos tener claro tres elementos que fundamentan la construcción de cualquier identidad gráfica.

El concepto:

Es la idea o pensamiento subyacente existente tras la identidad gráfica. El concepto es el germen de la idea que se pretende comunicar. Debe tener algún sentido para el receptor y guardar relación de coherencia con la realidad que envuelve al producto, servicio o actividad entorno al que gira. Su traducción al mundo de lo visual debe ser claro y apoyarse en los principios que rigen la correcta comunicación visual para conseguir transmitir el mensaje de forma efectiva.

Coca Cola es una marca cuyos conceptos base son la familia y la consecución de la felicidad y todo su desarrollo gráfico gira entorno a ellos. Relaciona su producto con estos dos conceptos de manera efectiva.

La personalidad:

Si el concepto es el ¿qué?, la personalidad es el ¿Cómo?.

No existe una única forma de transmitir un determinado mensaje como no existe un único tipo de receptor del mensaje. La personalidad de una identidad gráfica aporta información clave sobre la marca que sirve al consumidor, no solo a entender el concepto subyacente , sino a hacerse una idea sobre las características del producto/servicio, a quien está dirigido el mensaje, a sentirse o no identificado con dicha marca. La personalidad es la forma que tienen las marcas de materializar la relación que tienen con sus consumidores.

Moodboard gráfico

Siguiendo con el ejemplo de Coca Cola en el que la familia y la felicidad son sus conceptos base, es lógico que como marca su personalidad sea abierta, positiva, conciliadora y dinámica. Siempre desarrollándose entorno a las relaciones humanas.

La coherencia:

Es quizás el elemento que más puede valorar un consumidor a la hora de cuestionar su posición ante una identidad gráfica.

La existencia de incoherencias entre conceptos y personalidad generan confusión y recelo que no favorecen en absoluto la consecución del éxito de una marca.

Es obvio que si nuestro concepto es “la consecución de la felicidad”, no exista ningún otro concepto que le sea contrapuesto y a su vez que la personalidad de esa identidad gráfica juegue a favor de comunicarlo.

La comunicación visual se vale de códigos gráficos que ayudan a traducir al mundo de la imagen el concepto y la personalidad. Una mala interpretación gráfica o un mal uso de dichos códigos visuales puede generar incoherencias en la comunicación. Por ello es fundamental analizar hasta que punto un determinado concepto y personalidad son traducibles gráficamente de manera que tengan sentido para el que recibe el mensaje.

No debemos olvidar que una marca no existe si no tiene nadie que la siga.