La oficina: ¿Gasto o inversión?

Con el final del año, aparte del champagne, los polvorones y las listas de Spotify con canciones que te has dejado por el camino durante meses anteriores, llega también el momento de recapitular y analizar en qué estado llegas al 31 de diciembre. Qué has conseguido y qué te dejas por el camino.

A nivel personal, probablemente el post abarcaría demasiado(¿de verdad estamos ya en diciembre?), pero a nivel profesional sí hay cuestiones que merecen ser comentadas. En 21ninjas hemos querido hacer la promesa de escribir más y mejor en el blog corporativo en 2018, de ser más constantes y preocuparnos más por las cucharas de palo*.

Hace unos días cumplimos 4 años como empresa y salieron a colación los inicios (siempre tortuosos). Nos vimos a algunos de nosotros, 4 años más jóvenes, amueblando una oficina destartalada en la que casi no cabíamos.

Una oficina. La oficina. Donde pasamos aproximadamente un tercio del día. Donde muchos ríen y lloran; hablan, gritan o susurran. Donde innovan y aprenden. Donde, en definitiva, comparten con otras personas un espacio vital que termina marcándoles en mayor o menor medida. Y es curioso porque muchas empresas apenas prestan atención a este espacio e ignoran por completo el efecto que tiene sobre los empleados.

Es cierto que la tendencia está cambiando, que cada vez hay más empresas que cuidan con mimo y esmero el lugar en el que trabajan sus empleados, arrastradas en parte por la ingente cantidad de imágenes filtradas de oficinas en Silicon Valley que convierten el lugar de trabajo en un parque de atracciones.

Pero al margen de modas o tendencias, las decisiones a nivel empresarial pocas veces se toman a la ligera (o no deberían), y más cuando conllevan un gasto que puede llegar a ser importante. Aunque la cuenta de resultados sea una amante fría y cruel, los beneficios asociados de contar con un mejor área de trabajo cada vez pesan más y se cuestionan menos.

Si lo que te rodea es agradable, bonito, útil, usable, cómodo y cumple tus necesidades, tu predisposición y tu actitud ante la tarea a realizar es, por fuerza, diferente a si trabajaras en un zulo.

En 21ninjas cambiamos de oficina a principios de año. Es quizá el cambio más importante que hemos sufrido en 2017 y fue algo que nos drenó bastante tiempo. Nos obligó a hacer una parada en el camino y a plantearnos algunas cuestiones que con el ruido del día a día normalmente quedan relegadas a un segundo lugar. ¿En dónde está la línea que separa el gasto de la inversión? ¿Qué tipo de oficina queremos? ¿Es importante que tenga vistas? ¿La mesa de ping pong será gasto o inversión? ¿Zona céntrica o mejor a las afueras?

Las preguntas se sucedían y las alternativas eran infinitas, así que decidimos aplicar algunos de los conceptos que normalmente utilizamos cuando desarrollamos una web:

  • Amplitud. Aplicando el mismo concepto que a las interfaces web, que haya aire, que haya espacio y los elementos puedan ser colocados con cierta armonía.
  • Luminosidad. La luz lo es todo. Las webs con fondos oscuros tienen su nicho, pero por norma general no son buena idea. Lo mismo con una oficina.
  • Ubicación céntrica. Tanto para el empleado como para el cliente, la ubicación es importante. Cuando contratas el dominio para una web, cuanto más posicionable sea, mejor.
  • Zonas bien diferenciadas. Zona de reuniones, de esparcimiento, de cocina, de trabajo, etc. Cuando toda la información de una web aparece en un mismo lugar mezclada, el usuario huye.
  • Seguridad. Alarma, puerta de seguridad, portero. La seguridad siempre es importante, lo es en una web y lo es en una oficina.
  • Diseño. Porque todo entra mejor por los ojos cuando tiene un buen diseño.
  • Usabilidad. ¿Tiene el empleado todo lo necesario para desarrollar sus tareas de la forma más eficiente y cómoda posible? ¿El usuario puede ir de A a B con el menor número de clicks posibles?

Hasta cierto punto, es una comparación absurda, pero nos sirvió para dar con ELLA, la Elegida, y darle la forma que queríamos.

Pero al margen de consideraciones estéticas o puramente subjetivas, como comentaba más arriba, hay un efecto beneficioso comprobado. Una de las lecciones más importante que las empresas punteras han aprendido a lo largo del tiempo es que su recurso más preciado es precisamente su fuerza productiva, los empleados que conforman la compañía.

Invertir, tanto en ellos como en el entorno en el que trabajan, desemboca en empleados felices que serán leales con la empresa, y un empleado leal puede conseguir cosas increíbles.

*En casa del herrero, cuchara de palo.