Ser, parecer o morir en el intento | Mundo influencer

El mundo de las nuevas tecnologías ha provocado un gran quebradero de cabeza para muchas empresas que, desactualizadas, han tenido que buscar el modo de adaptarse a esta nueva era digital. Y es que saber qué es lo más adecuado para tu clientela a veces es tarea complicada y si no tienes los recursos necesarios puede provocar un efecto contrario al esperado.

Crear un perfil corporativo en las diferentes redes sociales y mantenerlas actualizadas, aumentar el tráfico a la página web a través de publicidad, crear contenido llamativo y un buen blog son algunas de las tareas que toda empresa debe llevar a cabo si no quiere ser participe de un come cocos versión empresas.

Pero…, ¿y el factor influencer? ¿Dónde entra aquí?

Hoy en día no hay marca que se precie (grandes marcas) que no cuenten con uno o varios influencers para conseguir vender más. Bajo el claim “Si ella lo tiene, yo también lo quiero” consiguen vender y llegar a un público que antes era imposible de conseguir a través de los medios tradicionales. Los influencers se están conviertiendo en un reclamo cada vez más utilizado por las marcas, pues son capaces de hacer llegar un producto a miles de seguidores en cuestión de segundos y conseguir que se agote sin más. Describirlo como “Aquí te pillo, aquí te mato” creo que sería una buena forma de entender este alocado mundo.

¿Toda marca puede acceder a este recurso?

Lo cierto es que no, y no porque quizás no quiera o no pueda gastarse una cantidad de dinero (poco asumible en muchos casos) para conseguir vender más, sino porque dicha inversión puede no resultar del todo rentable como creemos, y es que no es oro todo lo que reluce. Me explico en este sentido, un factor que muchas veces se deja de lado es conocer realmente las estadísticas que manejan estos influencers, pues no solo el número de seguidores puede ser indicativo de que vamos a conseguir un buen retorno aunque muchas empresas así lo consideren. Estas cifras en muchos casos están infladas con seguidores falsos que no son el cliente potencial al que queremos llegar.

Las empresas no solo pierden el foco en este sentido, sino que se engañan a sí mismas al pensar que el uso de personas influyentes les ayudarán a diferenciarse de su competencia. Y la verdad es que la realidad es bien distinta. ¿Por qué no van a hacer ellos lo mismo? ¿Por qué no van a querer utilizarlos para vender más? Es cierto que muchos influencers cuentan con miles de seguidores reales y de los que se puede llegar a conseguir un buen retorno, pero este hecho hace que reciban propuestas de marcas que en ocasiones ofrecen productos similares y es aquí donde entra el dilema. Pueden llegar a publicitar productos similares en cortos periodos de tiempo lo que no beneficia a ninguna marca. El consumidor entiende que el producto que le ofrecen no es porque les haya gustado sino porque es una mera forma de conseguir beneficios.


El cliente, como se suele decir, “no es tonto” e intentar venderle un producto a base de calzador quizás no sea lo más correcto en algunos casos. La segmentación del público es un factor clave en este sentido y es que un público joven suele ser más fácil de convencer, sin embargo un público que ronda edades a partir de los 35 años suele ser más reticente. No vamos a conseguir convencerlo solo con una opinión de una influencer, ellos necesitan algo más. En ocasiones las empresas solo se centran en la tracción que tienen estos influencers sin reparar en quién es realmente su público y si el que sigue a este tipo de influencers es realmente su público objetivo.

A pesar de que este fenómeno tiene su parte negativa como todo, debemos de reconocer la vuelta de tuerca que ha provocado en el mundo de las estrategias de marketing para las empresas. Está siendo un negocio bastante rentable para mucho influencers que han sabido subirse a la cresta de la ola.

¿Terminará algún día este fenómeno? Tendremos que esperar para verlo.