Soy tu publicidad. Te atrapo y te emociono

Que vivimos rodeados de publicidad es algo tan real como la vida misma. Es tal el impacto publicitario que recibimos diariamente por diversos medios, que debemos asumir que influye en lo que creemos nuestra forma “racional” de elegir las cosas.

Desde que nacemos hasta que nos convertimos en seres racionales con capacidad de elección, comenzamos a vivir dentro de un mundo en el que nada está escrito pero sí convertido en publicidad.

¿Por qué nos gusta más un anuncio que otro?

Que algo nos impacte o no, no depende solo de nuestros gustos. Influyen otros factores como el ingenio de los publicistas para llamar nuestra atención o incluso los análisis exhaustivos que ayudan a comprender los estímulos ante los que reaccionamos. ¿Fácil? Pues no. Cada frase, cada imagen, vestimenta, acción… y un largo etc. están pensados minuciosamente. Créeme cuando te digo que las playeras Nike “Classic Cortez” que llevó Forrest Gump para recorrer Estados Unidos no estaban ahí por casualidad. Incluso la marca ha utilizado el 20º aniversario de la película para volverlas a relanzar. Y la cuestión es que les ha funcionado.

Vallas publicitarias, anuncios en televisón y medios digitales, películas, series…, traspasan cada día nuestra retina en cuestión de segundos.

Entonces, ¿cómo podemos caer en la trampa sabiendo que estamos ante un anuncio? El Marketing emocional llegó hace un tiempo a nuestras vidas para quedarse y para poner a flor de piel nuestros valores, emociones y sentimientos ante un anuncio. Somos capaces de comprar bienes como un coche o una casa conducidos por factores emocionales que generan sensaciones de satisfacción y de status. Nuestra parte emocional hace que en muchas ocasiones todas las alternativas generadas por la parte racional se desvanezcan y decidan casi por nosotros.

Las empresas sabiendo esto tratan de crear una conexión con el cliente haciendo que surja un sentimiento especial para ellos. Esta conexión hace que nos sintamos identificados con la marca y que nuestra reacción de compra sea casi inmediata. Claros ejemplos de este hecho lo vimos en los envases y latas con nombres que sacó al mercado Coca Cola o el famoso “I’m lovin it” de McDonald’s.

¿Es malo vivir rodeados de tanta publicidad?

Según como se mire. Seguramente en más de una ocasión hayas agradecido toparte con publicidad de algo que hacía tiempo andabas buscando o incluso te han dado ideas para ese viaje que querías hacer. Pero seguramente en muchas otras ocasiones te hayas tirado de los pelos por la gran cantidad de publicidad que has recibido en un periodo corto de tiempo. Hoy en día en el ámbito de la publicidad digital estamos pillados por todos lados, saben cuando realizamos una búsqueda y qué hemos estado buscando. Esto es utilizado para hacer “retargeting” y aturrullarnos a publicidad de este producto o servicio a todas horas.

Está claro que todo tiene su parte buena y su parte mala, pero creo que debemos reflexionar e ir un poco más allá preguntándonos ¿Podemos vivir sin publicidad? Vivimos en un libre mercado con una competencia atroz, en la que destacar frente a otras empresas que venden un producto similar o igual se convierte en el principal objetivo. Y es que hacer publicidad vía medios, branding, packaking, etc. es el camino sin menos tropiezos que puedes encontrar. Esto no implica que siempre se consigan los resultados esperados ni mucho menos, pero sí que ayuda a dar a conocer un producto y facilitar por así decirlo la decisión de compra del cliente. Es decir, si acudes a un supermercado y te ponen delante dos champús (uno lo has visto en publicidad y otro no) probablemente nuestra capacidad emocional nos lleve hasta aquel del que ya tenemos alguna referencia.

Y a ti, ¿te gustaría vivir en un mundo sin publicidad? Ahí dejo la pregunta.

Like what you read? Give Almudena Ramírez a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.