238. Jazz y sobremesa. Cuarta parte

Esos momentos en los que la sobremesa se vuelve melancólica por ausencias o por esos bajones de ánimo que no alcanzamos a entender y que simplemente esperamos que pasen como ocurre con las tormentas, esos momentos que sólo pueden ser descritos a partir de un sonido de trompeta con sordina, fraseos lentos, morosos, notas que casi parecen llorar, como si mezclaran tristezas y arrepentimientos.

Esas sobremesas que necesitan que el chocolate haga su efecto y nos levante.