A trabajar

Me fui con el pelo mojado y el bolso a medio cerrar. Por la calle me pinté los labios. Envié un whatsapp. Compré un café con leche take away y cuando llegué al metro descubrí que no tenía la cartera. Vituperé mi mala cabeza y volví corriendo a casa. Estaba allí. Cogí un taxi. Llegaba tarde. El conductor no tenía un buen día. Yo tampoco. Frenazo. Pequeña mancha de café en el pantalón. Cerré los ojos, respiré. Intenté llegar mentalmente a la hamaca de la playa y escuchar las olas, pero no lo conseguí. Mandé otro whatsapp. Sentía desgana, inapetencia, rabia y odio por tener que ir a trabajar.

— ¡Buenos días! — me sonrió el recepcionista.

Le quise escupir.

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