Agua (foto de Pilar R. Martín)

Bishr llegó sediento. Cuando abrí el grifo, sus ojos se abrieron tanto que pude ver en ellos el color de las dunas que rodean su pueblo, Miyek, en el Sáhara Occidental. Desde ese momento, su juego favorito fue abrir y cerrar los grifos de casa. No había visto niño más feliz. La primera vez que le llevamos al Retiro y vio la cascada artificial, corrió hacia ella y saltó y saltó, sobre sí mismo, haciendo alusión a su nombre (Bishr=Alegría). Estuvo una hora, detrás, viendo caer el agua y nosotros, viéndole a él. Para el siguiente verano prometimos llevarle a ver el mar. Si con la piscina casi llora de la emoción, no podíamos imaginarnos su reacción cuando viera el Océano Atlántico. La ONG no nos pudo dar detalles pero no supimos nada más de nuestro niño de agua.