Boda (palabra propuesta por Carolina Carretero)

Aquel día me sentí, totalmente, una Bridget Jones de la vida. En cuarto de carrera no conseguí beca por lo que los fines de semana trabajaba para una empresa de catering en eventos varios. Y con ese dinerito podía vivir. Ya sabes que yo, por entonces, con la tontuna que me caracterizaba y, viviendo en una eterna nube rosa, me llevaba grandes chascos pero ninguno como aquél. Era la época en la que estaba, perdidamente, enamorada de mi profesor de Filosofía de la Existencia y era la alumna más puntual y preguntona de toda la historia de esa asignatura y, probablemente, de toda la carrera. Ese sábado había llegado tarde (para variar) y no sabía qué tipo de acontecimiento se celebraba pero mi función era servir a la mesa presidencial, con una sonrisa apropiada y un perfecto equilibrio. Pensando en todo menos en el aquí y en el ahora, salí con la bandeja de los mariscos, pisé el cordón del zapato izquierdo que no me había abrochado, tropecé y haciendo unos saltos tribales, estilo Massai, volqué los langostinos, cigalas y gambas de Huelva sobre el regazo de una pareja. Risas, gritos y móviles grabándome a diferentes distancias me hicieron darme cuenta de que estaba en… ¡Una boda!¡En SU boda!¡Era él! Me miró con los ojos rojos de furia y me gritó:¿Tú?. En ese momento salí corriendo, sin mirar atrás y fue donde realmente descubrí cuál era la filosofía de mi existencia.