Chiquillaaa

Estaba tirado en la cama viendo un programa de subastas en la televisión cuando, de repente, me miré a mí mismo, como desde arriba y me di cuenta de que estaba hecho una auténtica mierda. Me levanté, busqué mis botas de trekking, me puse un pantalón de los anchos y me fui al monte, sin rumbo, sin seguir ninguna senda. Respirar aire puro e ir fumando era contradictorio pero el porro me sabía mejor entre tanto verde. Al llegar al valle vi la figura de una mujer. Dudé en llamarla pero no quería quedarme con la incertidumbre vitalicia de saber si era ella o no así que grité: ¡Chiquillaaaaaaa!. Se giró y la tía, siguió caminando. Era ella. No sé si no me reconoció o pasó de mí pero me hizo revivir el subidón del concierto de “Seguridad social” al que fuimos juntos en el verano del noventa y cuatro, la misma noche en la que se emborrachó y se lió con otro.

