Dónde

Puso su cabeza en mis muslos y cuando empecé a tocarle el pelo sucio, entristeció recordando las caricias que le hacía su madre cuando era pequeña. En la tele, desenlaces horribles y en el sofá mucho sueño. Las macetas muertas de sed ya no nos pedían auxilio. En el suelo, cada vez más pelusas. El frigo vacío. Tiritábamos mientras nos preguntábamos dónde estarían nuestros hijos.