De la mano

La senda es de tierra rojiza y seca pero, de la mano, la aridez se lleva mejor. No importa que las nubes tapen el sol, yo noto sus rayos en mi cabeza pelada y tu coronilla veterana, sé que también. No tenemos pelo pero sí ganas de caminar. Juntos. Por mirar hacia arriba, tropiezo con baches y piedras. Caigo, lloro. Sin mirarte, me levantas para volver a pasear por un campo feo, en el que brotes de hierba empiezan a despojar al suelo de su color marrón. No voy a mirar hacia atrás. Tú tampoco, papá.