Despertar

El gotelé estaba tan desgastado que pronto se convertiría, por sí solo, en una pared lisa. Ya no era punzante ni estaba en boga. Era un gotelé triste en un beige triste. Había trocitos en el suelo. Fue lo primero que vi cuando me desperté. Él se había levantado intentando no hacer ruido pero yo ya estaba despierta y, de reojo, lo vi. Era feo. El domingo empezaba con frío y con la sensación de seguir teniendo el filtro estropeado para seleccionar hombres. Sin batería en el móvil para poder comentar la noche con alguien y sin confianza para pedirle un cargador, me levanté con sigilo y, mientras él estaba en el baño, me vestí y me fui.