Emigrante

Me arrepentí mucho de haberme largado de casa y me sentí una mierda y una fracasada. No me ayudaba a salir del agujero sin luz, el estar constantemente espiando el Insta de mi ex en Formentera, comiendo en un japo, haciendo cross fit y un largo etcétera. Desinstalé la aplicación una vez a la semana (los domingos) y la volví a instalar (los lunes), durante cinco meses. Aquella etapa coincidió con el invierno y la humedad. Los días cortos se me hicieron muy largos. Engordé por culpa de la pizza, los cannolis y la ansiedad. Pero el abrir la ventana, cada día, oler el salitre y ver el cielo más azul que gris, fue animándome, poco a poco, hasta convertirme, sin darme cuenta, en una italianini más.