Helada

El frío hacía agonizar a mis orejas. Me dolían, mucho. Las pestañas se me pegaron y los pelillos de la nariz se congelaron. Pero la frase de aquella modelo: El frío evita el envejecimiento prematuro de la piel, ronroneaba por mi cabeza, pesadamente, así que la volví a meter en el congelador, unos veinte minutos más. Mi hijo, cada vez que iba a la cocina, me preguntaba que qué hacía y yo le respondía, en alto, que estaba buscando unos guisantes y, en bajo, que también mi felicidad.