Hotel

Lloramos nerviosas. Nos fumamos ocho cigarrillos a medias y nos tranquilizamos un poco. Eran las cuatro y media de la noche. Todavía nos quedaban casi ocho horas hasta tener que dejar la habitación. Decidimos pensar soluciones, pero por separado.

Yo me metí en la bañera. La grifería de oro dio mucho juego para hacerme fotos con mi cara reflejada en ella. La espuma superó el medio metro de altura. Gasté todos los botes de champú, gel y espuma de afeitar.

Luci se sentó en el balcón con el batín de raso del hotel y se fumó lo que quedaba del paquete de Camel.

Cuando nos llamaron para dejar la habitación yo estaba arrugada en la bañera y ella fuera, dormida y congelada.