Lentejas

Casi sin pestañear mojaba las galletas en la leche, mientras observaba los algodones empapados en agua con las lentejas queriendo crecer. Llevaba dos días en los que no le costaba levantarse porque cada mañana su mayor ilusión era ver algo verde en ese vasito de yogur reciclado y ver salir los tallos y las hojas de unas legumbres que había cuidado y regado a diario. Y mi mayor ilusión era ver su cara y su emoción cuando saliera el primer brote que, seguramente, sería al día siguiente y, desafortunadamente, tenía turno de mañana y me lo iba a perder.