Lo vivido

Las canas en las sienes eran ya incontables. El tinte no había conseguido taparlas y brillaban a la luz de los focos. No había tiempo para buscar una solución a una imagen que me importaba más de lo que debería. Entonces pensé que cada pelo blanco que relucía en mi cabeza era una experiencia vivida. Las había inolvidables (de las que se disfrutan) y desagradables (de las que se aprende), de hace años, y recientes, y que todas ellas me habían hecho ser como era y llegar hasta ese escenario en el que me sentía una estrella.