Los últimos

Tienen los ojos casi cerrados y las mandíbulas sueltas. Parece que la única fuerza está en las manos con las que sujetan las copas. Ahí, presentes en cuerpo y ausentes en todo lo demás, no hablan entre sí ni con otros. No bailan. Inertes. Personajes con vidas tristes, de llanto interno. Las luces de la fiesta de la noche y el alcohol burbujeante dentro de sus cuerpos, les hace olvidar que tienen que volver a casa. Se apaga la música del bar pero ellos no quieren salir de su corto letargo de felicidad nocturna.