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Sonaba la nueva de Shakira, en la que decía que se enamoró de unos ojitos bonitos, cuando tú acabaste tu soliloquio y me hiciste ver el mundo de otro color, más apagado, más gris, más real. Y aquella canción me pareció tan fácil, tan superflua, que lo que me contaste fue aún más necesario, más atractivo, más vital. Yo no vi unos ojitos bonitos, pero sí muchas palabras con sentido común e ideas nuevas, ruptura de tradiciones, pensamientos lógicos. No pude separar el contenido del continente y te llevé conmigo hasta el final.