Pecas (de pecar)

Esa pelirroja solo lleva un mantón de manila encima. Es verde, muy verde, con florecillas naranjas un poco más claras que su pelo. Las pecas, desperdigadas por su cara, me incitan a tocarlas, unirlas en un puñado y tirárselas al resto de seres, allí presentes, para que se empapen de la misma belleza que porta ella. Su tez blanca ha sido tocada por el sol de Badajoz y le ha regalado un rubor perfecto e inocente. Mientras espero a que mi novia llegue al altar, pienso que si esa mujer me mira y me sonríe no podré decir: Sí, quiero.