Pues anda que yo…

–Deberías ver la rozadura de mis talones, son el mejor medidor de cómo me lo pasé anoche. Sí, bailé muchísimo. No, no pusieron kizomba, menos mal, porque no la controlo nada pero salsa… hasta hartarme. Y unos hombres… ¡qué hombres! un ritmo, un movimiento, un sinvivir, chica. De las mejores noches de mi vida. ¡Qué pena que no estuvieras aquí! ¡Ah! ¿que tuvisteis fiesta hawaiana? ¡Pero si estás en Helsinki! ¡Cómo vivís los Erasmus, tía! ¿Y ahora a la sauna? Vale, te dejo, ya hablamos.

Y volvió a meterse en la cama, donde llevaba tres días tirada.