Toño&Luis

- ¡Ya voy, Luis!- me gritó.

- Pero, estás seguro, ¿no?- le pregunté con recelo.

- Sí, sí, ¡vamos!- respondió con su sonrisa pícara y, guiñándome el ojo izquierdo, hizo rugir la moto.

Abrazándole por la espalda y llorando y gritando, a la vez, lancé la peluca al cielo. Aceleró la Piaggio Liberty 50 de baja cilindrada que compramos, a medias, el año pasado y que nos había hecho escapar de demasiadas situaciones de pérdida de dignidad. En ese momento no recordé ni un insulto y sí las veces que llegamos a los subsuelos del Edén. Nuestro final sería legendario.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.