Vía de escape

Y llegó él, con su camisa gris, bien planchada, gomina en el pelo y un porte que apuntaba haber sido perfectamente estudiado frente al espejo. Sonrió, me guiñó su ojo izquierdo y yo me puse colorada, no de timidez, no, de ganas de ir al baño y no saber cómo decirlo para resultar educada. No podía más. Quería salir corriendo para evacuar. Me caían goterones por el canalillo. Iba a explotar. Y estábamos en directo, a la hora de más audiencia. Cuando se acercó a mí ya era demasiado tarde, algo se me había escapado. Tufo. Me levanté, todo lo dignamente que pude, pero la mancha en mi trasero era evidente. Salí del estudio y no volví más. El video se hizo viral pero yo me quedé sin rollete esa noche.

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