Caminan como sin sentido

Caminaban como atrapados entre redes que les amarraban los brazos. Sus miradas vacías observaban a la distancia, tal vez esperando algo de sentido para sus existencias. Ida y vuelta. Ida y Vuelta. La rueda de chicago que nunca termina.

Pantallas que iluminan los rostros cansados. Fatigados de mirar. Resignados a su tortículis, a su joroba. Encorvados cual ramas viejas y secas. Arbol que se tuerce, jamás su tronco endereza. La humanidad está torciendo el tronco. Y si somos como los arboles, jamás nos enderezaremos. Estaremos torcidos, incapaces de reconocer con nuestra mirada la del otro. El contacto directo: La picada de ojo, el reojo de desconfianza y la sensación de que alguien nos mira a lo lejos y quiere un poco más de nosotros. Hemos perdido la forma, porque hemos ganado otra vida. La vida de las conexiones llenas de aire. Como bolsas de papel. Intentos fallidos por intentar de alguna forma recuperar la identidad personal. El asunto es que nos hemos torcido hacia adentro, como espirales que se encierran en si mismas. Nos miramos el ombligo cuando la pantalla se apaga. Y no encontramos nada. Así que buscamos con prisa el interruptor, el tomacorrientes, el cable, el hilo de vida que nos deja respirar un poco más. Encerrados, por voluntad propia, en un cuarto oscuro. Confinados a la soledad, aunque no pensamos que estamos solos. Resignados al dolor, aunque no creemos que sufrimos. Acabamos sin sentido. Como en japón.

DIC/22/2015

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