Antecedentes

De repente llovió. Después de varios días de luz y colores amaneció lloviendo y con niebla. Habíamos tenido un invierno oscuro, pero de lo duro que fue, no lograba darme cuenta. Hasta ahora. Hasta que se puso a llover cuando esperaba que hubiera azul. Y las botas de agua fueron escayolas que mover a cada paso. Cómo pesaba todo. Ya comprábamos piña y fresas, y aunque aún mirábamos el precio, de nuevo, por alguna loca razón, parece que nos lo podíamos permitir. Me pregunto si estamos imaginando que sale el sol porque no podemos más de oscuridad. Porque el espíritu no aguanta tanto sin inventarse una ficción en la que volar y poder reírse. La sensación de necesitar hacer invisible a todo lo triste para imaginar algo más contento. Y la certeza de saber que en medio de la tormenta sobrevivimos y nos amamos. Quizás por eso aún a veces nos sale un cierto cansancio. Rebusco el intenso entusiasmo que nos ha caracterizado. Lo nuestro ha sido un golpe de suerte, una mano ganadora, la fortuna de nuestra parte.


Summer is here, junio 2014

Nosotros lo hemos conseguido, estamos en otro sitio. ¿Qué pasa con los otros? Vemos películas sobre posibles distopías del futuro y la única diferencia con el futuro real es el acentuado dramatismo de la ficción: colorear el contexto para dar significado. Lo amarillo es lo arrasado, lo azul es lo que aún vive. Hacer un nuevo balance de blancos. Jugar con la luz para dibujar la realidad. Las revistas bianuales ya no tienen ningún sentido. Cansados del frío, del vacío, de lo estrecho. Alerta ante cualquier señal que pueda servirnos para entender qué es lo que viene ahora. Silencio, murmullo de optimismo atronador. Y poco a poco se hacen invisibles los incómodos, los molestos. Me pregunto si tenemos el cuajo necesario para estar entre los que se han salvado, los supervivientes dichosos, los de arriba.

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