4 fases de un brebaje extraño para tener éxito en el gym — Carta XI

¡No entiendo!

Si por cada vez que alguien me ha ofrecido un café, también me hubiera ofrecido un dólar, probablemente en estos momentos de mi vida mi cuenta bancaria estaría igual que ahora, y es que las personas, de alguna forma axiomática saben que tomo cerca a cero cafés. En verdad son muy pocas las veces en las que tuve que rechazar un café, pero bastantes las veces en las que e ido a “tomar café.” Tal vez he exagerado un poco al empezar esta carta, varias veces me han invitado o hemos quedado en reunirnos usado la frase “tomar café”, pero hemos tomado api, té, chocolate caliente. Lo que quiero decir es que de alguna forma las personas leemos a las otras personas, en menor o mayor medida claro, con mayor o menor exactitud, no cabe dudas de que, entre mis constantes referencias al té, el jengibre, la miel, los aromas a canela y clavo de olor las personas deducen que no me gusta el café.

El chocolate amargo es otro tema, me gusta. No puedo hablar de olores o colores, ni siquiera pensar en la fragancia, sencillamente en la abrasiva sensación que recorre todo mi cuerpo. El té me encanta. ¿Los jugos de fruta? depende, si no llevan azúcar por lo general sí. Pero si hablamos de líquidos que me llenan de energía con un sólo golpe de frescura y motivación (Sí, has leído bien, creo que existen líquidos que te motivan, que los ves y te dan ganas de moverte, sin necesidad de consumirlo, es una idea (o una sensación) un poco loca, pero quien es cuerdo en este mundo) es el agua. Por alguna razón cuando bebo algo que no sea agua siento el sabor, me siento más alerta, siento el dulzor que me despierta, o sabores que me tranquilizan, aromas que me incitan a dormir (por cierto, dicen que el aroma a vainilla da una sensación de saciedad, no me ha pasado, pero eso dicen.)

El agua, una sola molécula H2O, no cuenta con la magia del azúcar la cafeína, no es ácida ni alcalina, no tiene sabor, en algunos casos se puede encontrar “agua mineral” o con un poco de cloro, pero en esencia no tomamos agua por la cantidad de minerales que tiene, porque obviamente podemos obtener esos minerales de otras fuentes. Pero el agua es un espacio donde suceden cosas, es el escenario de toda la magia de nuestro cuerpo. Si pensamos en una obra de teatro en la que hay diferentes personajes que nos hacen sentir diferentes emociones, tenemos que pensar en diferentes moléculas químicas que arman una función para nuestro cerebro. En esa metáfora, el agua es el teatro. Sin agua todas esas moléculas no pueden desplazarse en nuestro cuerpo, ni disolverse, ni asociarse, y desecharse.

Cuando bebo agua mi cuerpo entero empieza a activarse, empieza digerir, empieza a despertar, empieza a tranquilizarse, los calambres desaparecen, etc., etc. Pero no voy a escribirte sobre el agua y su magia, que existen bastantes blogs y artículos explicando sus propiedades y beneficios.

Hoy quise empezar contándote mi relación con las diferentes bebidas, porque cuando termino mis sesiones en el gym mi cuerpo pide líquido, mi cuerpo pide agua, a veces pide electrólitos, y cuando llevo horas en la computadora mi cuerpo pide té, y en medio de una charla animada a veces pide chocolate caliente. Mi cuerpo pide diferentes cosas según sus necesidades, incluso va más allá de sus necesidades, mi cuerpo también pide por antojos, por asociaciones que mi cuerpo hizo en el pasado, un buen recuerdo con una copa de ron, un cappuccino con un libro o una simple tarde de descanso con una tacita de té.

Como es de esperarse mi cuerpo no desea brebajes que no conozco, no puedo antojarme cosas que no he probado antes, y eso no sólo se aplica a las bebidas, también a las comidas, a los hobbies, al tipo de música, y a los objetivos de vida, no puedo aspirar cosas que no he probado antes. Una persona que no conoce la adrenalina de una rutina en el gym la va a ver como una molestia seguida de días de cansancio. Una persona que no se ha criado en un ambiente compresivo verá la comprensión como algo alienígena. Podemos ver en animaciones cómo sería estar en ambientes con gravedad diferente a la de la tierra, pero a menos que probemos un simulador, más allá de una posible curiosidad no nos vamos a sentir atraídos a esa experiencia. Pero como decía Da Vinci, después de haber volado caminaremos mirando al cielo, porque queremos volver ahí.

Si un día llegase uno de mis amigos más cercanos y me ofrece un brebaje exótico y extraño que puede ayudarme a tener éxito en el gym (Existen muchos suplemente de este tipo las tiendas, pero supongamos que este no es un suplemento.) Es un brebaje que con tan sólo beber un vaso puedo alcanzar las siete cualidades (que te comenté en la anterior carta) en cuestión de minutos, y si bien el efecto irá desapareciendo con el pasar de los días, claramente podría acelerar mis resultados. Probablemente con cierta curiosidad empezaría a preguntar de que se trata, que clase de químicos tiene. Él tan sólo repite las propiedades mágicas del brebaje, no entra en detalle de su composición, más bien insiste en que le ha resultado a él y se muere por compartirlo conmigo.

Dado que mi confianza en él es tan alta es muy probable que decida probar el brebaje, pero en ese momento yo no deseo beberlo, y aunque mi amigo estuvo hablando de siete cualidades que mágicamente desarrollaría, yo realmente no entiendo esas cualidades ni me parecen relevantes, pero la estima que le tengo a mi amigo hace que pruebe el brebaje, lo hago más por verlo feliz.

En cuestión de minutos mi cuerpo empieza a experimentar los efectos del brebaje, empiezo a entender las cualidades, mi mente se aclara, la sensación me dura un par de días y poco a poco se va desvaneciendo, al cabo de un tiempo el efecto del brebaje ha desaparecido de mi cuerpo, el sabor indescriptible y su magia son cosas de paso. En ese momento es cuando empiezo realmente a desear el brebaje y sus efectos. Irónicamente mi amigo se fue de viaje y ya no tengo acceso a más del extraño brebaje, ni a las siete cualidades que produjeron en mi.

Entonces sólo entonces empiezo a buscar las formas de revivir esas experiencias de nuevo. Empiezo a ir al gym, empiezo a perseguir ese deseo real.

Esa es la forma en la que llegué a tener la visión de estar en un mejor estado físico, porque en algún momento de mi vida pase por la primera fase, en la que mi cuerpo respondía con facilidad a las exigencias de estudio y trabajo, poco a poco esa responsividad fue desapareciendo y mis exigencias también disminuyeron en paralelo, pero en un momento dado cuando sentí que estaba perdiendo mucho de lo que era, me di cuenta que tenía que empezar a trabajar en mi, porque ese extraño brebaje para tener éxito en el gym era como el agua, pero para mi interior.

Y si la vida es como el gym y cada meta vive en la paradoja, probablemente los proyectos en la vida también tengan cuatro fases, de primer contacto, alejamiento, deseo real y trabajo. No lo sé, suelo pensar eso al dormir, pero quizá estoy muy cansado por el gym. Hasta pronto.

Tu amigo,

Né.

Carta X — 7 cualidades para conquistar el Gym

Carta XII — La frustración, la vida y el gym

Photo by: Nicole De Khors