Cuestan olvidar los silencios

Los silencios largos que nos auto-impusimos. Por no incomodar al otro. Por no “romper la convivencia”. Las caras largas. Los saludos forzados. Las bajadas repentinas de tono de voz, cuando te dabas cuenta que lo que decías podía generar revuelo, miradas, desaprobaciones. Las palabras tabú. La amistad de la infancia congelada, porque no podía ser adulta. Hasta que poco a poco, en Euskadi vamos aprendiendo a convivir. A aceptarnos. Esa es la verdadera riqueza de las naciones. Que nadie os la arrebate a vosotros, Catalunya.

Lucas Gortázar, matemático.

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