Balón de Oro, el circo mediático


Como cada año, todas las trincheras del fútbol desempolvaron sus arsenales para ser partícipes de la vorágine que sólo un evento tan polémico como el Balón de Oro es capaz de edificar.

Era de esperarse que Cristiano Ronaldo, el macho alfa de la casa blanca, saliera a la caza de sus presas y volviera a la capital peninsular con el trofeo que lo erige como el futbolista más sobresaliente del año pasado, un reconocimiento de cuestionable valor, pero de muy preciada resonancia.

Ignorando la misteriosa forma en la que votan capitanes, entrenadores, y miembros insignes de la prensa, es una realidad que Manuel Neuer, arquero campeón del mundo con la selección alemana en Brasil 2014, y Lionel Messi, incapaz de conducir al Barcelona y al seleccionado argentino al Olimpo, se vieron eclipsados por el rendimiento del estandarte portugués. Pero es también una realidad que el Balón de Oro, un trofeo que ha sufrido el colapse de su credibilidad, ya no se pelea exclusivamente en las canchas del mundo jugando a la pelota. Ahora, el principal escenario para hacerse merecedor de dicha distinción se encuentra delante de una cámara, un micrófono, un comunicado de prensa, o una emisora de radio.

Indudablemente, Cristiano coleccionó durante el año todo tipo de méritos (con la acentuada excepción de la Copa del Mundo) para ser reconocido por el mundo del fútbol como el mejor del año. Sin embargo, la lista de agradecimientos de ‘CR7’ tiene que ser sospechosamente más generosa de lo habitual.

Su lista debiera empapar de reconocimiento a entidades y personas como el presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, no sólo por tratarlo como el icono del madridismo que es, sino por defenderle con la espada desenvainada ante la prensa. A sus compañeros, que siempre pronunciaron su nombre tras los cuestionamientos del periodismo sobre el eventual ganador del Balón de Oro. A la prensa afín al Madrid, aquella que a base de portadas y titulares emprendió una estoica campaña en favor del portugués. Y, por su puesto, a todos aquellos que señalaron con los índices acusadores de ambas manos a Joseph Blatter y a Michel Platini como los ‘antimadridistas’ más distinguidos del orbe.

¿Este fenómeno es exclusivo de Madrid? Claro que no. Desde Múnich y Barcelona se intentó, sin éxito y con menos pericia, jugar el mismo juego. Una muestra clara de que, tristemente, el manoseado Balón de Oro es un espectáculo mediático, una atracción circense que perdió el interés por el balón y se quedó con el oro.