Placeres altivos, razones modestas

Pocas cosas las hay tan poéticas,

como tus manos sobre tu rostro.

Pocas cosas las hay tan hermosas,

como tus ojos emulando tristeza.

Pocas cosas las hay tan buenas,

como una tarde en tus manos.

Pocas cosas las hay tan valiosas,

como tu corazón de cristal.

Pocas cosas las hay tan inexplicables,

como tu valentía de heroína.

Pocas cosas las hay tan interesantes,

como tus gustos y aficiones.

Pocas cosas las hay tan gratificantes,

como verte feliz cada mañana.

Pocas cosas valen tanto la pena,

como para dedicarles más de una vida.

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