Temprano, por la mañana.

Creo que nadie tiene muy claro lo valiosas que son las tragedias. La gente siempre cuenta con orgullo y esmero, lo bien que les va en la vida; lo “exitosos” que son, lo “triunfadores” que se han vuelto al transformar su existencia al monótono ganar dinero; se regocijan de viajar por el mundo y publicarlo hasta debajo de las piedras, como si de eso se tratase realmente salir de este infernal territorio. Se la pasan retratando por donde sea, a lo que sea, con la intención de notarse como “profundos pensadores del renacentismo social” o quizá, sólo necesitan satisfacer a su séquito sexo-acérrimo personal. ¿De algún lugar tienen que darse valor, o no? Quizá no son tan torpes como los pensábamos; al menos comprenden que están vacíos, al menos aceptan -a medias- que requieren de una fuente externa de aprobación para funcionar.

Se la pasan huyendo de sí. Todo el tiempo. A donde sea que van. A donde sea que estén, todos son iguales. Congenian patológicamente, como si todos estuviesen hechos de la misma composición. Y a pesar de poder estar con ellos, a pesar de fácilmente ingresar a su mundo enfermo, decidimos viajar fugazmente por el cielo. Decidimos ejercer nuestra diferencia, ser quienes somos sin miedo al qué dirán. Sin que las palabras nos apresen, o lo social nos ahorque. Por eso es que tú y yo, somos rombos entre los círculos; dos cisnes entre todos estos patos. Por eso, amor azul, nadie valora las tragedias; por eso nadie nunca aceptó lo increíble que el caos puede llegar a ser.

Es por eso que nadie nunca te logró valorar como tal. Porque nadie sabe lo bellas y admirables que pueden volverse las tragedias. Porque todos prefieren la luz, en vez de la oscuridad; el día, en lugar de la noche. Porque todos le tienen miedo al silencio, porque todos le tienen miedo a las sombras; a escucharse, a sentirse solos, a sentirse acompañados. Tienen miedo de ti, y de mí, pero, ¿sabes? por eso nadie camina por la noche, bajo la luna. Por eso nadie, tiene valor para deambular por estas calles perdidas de Dios. Son seres de luz, y nosotros, amor mío, somos más oscuros que la noche. Por eso sos algo más que un mito, algo menos que un estilo de vida; por eso es que nadie te ha podido encontrar todavía, porque nadie, quiere encontrarse en una tragedia.

Por eso, nos comprendemos. Nos esperamos. Nos añoramos.

Y eso, es trágico.

Funestamente. Apasionadamente. Sinceramente.

Trágico.-