Voyager

Había leído sobre aquello en alguna ocasión, pero sabía que al otro lado no sonaba el Danubio Azul.

El hormigueo en su estómago no estaba construyendo una granja, ni nada que fuera a subsistir a largo plazo. Sabía que estaba allí para marcharse en cuanto se acostumbrara. Igual que le había ocurrido, desde que nació en el lado equivocado del cielo. No hacía tanto que había apagado los monitores en los que se había quedado quien le vitoreaba y felicitaba por haber llegado tan lejos. “Aún no es bastante, falta distancia” pensó. Es cierto, todo el esfuerzo había dado sus frutos. Empero, le habían cargado responsabilidades en sus hombros con las que disentía. Tampoco es como si su frustración fuera más allá de lo común, sencillamente sus motivos para emprender la misión eran distintos. Un secreto para sus entrenadores, su familia y amigos. Todas esas relaciones le habían llevado hasta donde estaba, mediante alegrías y malos ratos que no dejaría de atesorar a pesar de que su destino se encontrara más allá de lo que se puede estirar cualquier vínculo. Allí donde toda forja quedaba en manos de la oscuridad que separa aquello que está iluminado.

No era huir ni explorar lo que le impulsaba. Se trataba de que siempre había creído pertenecer a donde nada le pertenecía a nadie.