Ida y vuelta

Cortó las cuñas de queso una a una, sirvió los mismos mililitros de vino en su copa que en la mía, la distancia entre los cubiertos y los platos, los vasos y las servilletas seguían la proporción áurea… Mi primera cita después de salir aquí. Respiré en bajito, como me habíais enseñado, pero no pude soportar tanta perfección. Tuve que sacar mi muñequito y, por debajo de la mesa, fui clavándole alfileres y disfrutando de cada uno de sus gemidos de dolor seco.