Mi respuesta al señor que me insultó en el metro de la línea 1 pensando que me estaba inventando una discapacidad

F.R.
F.R.
Jul 23, 2017 · 2 min read

Era un lindo día, estábamos en el vagón de un metro pero usted decidió arruinar mi día.

Un papá llegó con su bebé en los brazos y usted me pidió que le dejara mi asiento. Le contesté avergonzada que lo lamentaba, pero que yo no podía dárselo. Usted me increpó preguntándome en qué mundo estaba viviendo. Iba a darle explicaciones, pero vi en su mirada llena de desprecio y agresividad que no iba a escucharme. Me hizo entender que su único objetivo en ese momento era hacerme sentir avergonzada y mostrar a la decena de desconocidos presentes la mala persona que era. Luego, cuando bajé cojeando, me lanzó por la espalda su último ataque: “¡Y además haces como si te doliera algo, estás enferma de la cabeza!”.

Sentí la pena y la impotencia invadirme. En este instante quise subirme de nuevo al vagón, para hacerle entender lo que es vivir con un dolor que le agobiará en cualquier momento durante toda su vida. No tendrá el detalle de mi enfermedad, no necesito su compasión. Pero seguí mi camino en el andén, aguantando mis lágrimas. No me subí de nuevo al vagón porque no tenía la energía para defenderme frente a su arrogancia.

Seguramente es demasiado tarde para enseñarle a no juzgar con tanta ligereza a su prójimo sin haber estado en sus zapatos. Usted pretende saber por lo que está pasando un desconocido en base a su edad, a su aspecto físico o a su género; juzga sin conocer. Se alegra de ver el daño que provocan sus insultos. Se conforma con prejuicios.

Ese día usted me preguntó en qué mundo estaba viviendo: vivo en un mundo donde el 80% de la pobación discapacitada no lo parece a simple vista. Sufro por ser parte de ella. Ese día, de manera indigna, miserable y gratuita, usted aumentó considerablemente mi sufrimiento.

F.R.