Isaac Asimov: Yo, robot

Yo, robot es una colección de nueve relatos publicada por Gnome Press en 1950 con una edición de 5.000 ejemplares. Las historias aparecieron originalmente en las revistas Super Science Stories y Astounding Science Fiction entre 1940 y 1950. Esta colección presenta a los relatos como una serie de viñetas relacionadas con la Dra. Susan Calvin, una ‘robopsicóloga’ que está siendo entrevistada en relación con su inminente retiro de la megacorporación US Robots and Mechanical Men, Inc. Durante su carrera de medio siglo con la empresa, que se fundó el mismo año en que nació (1982), ha visto crecer a los robots desde simples maquinas hogareñas a androides apenas perceptibles a los seres humanos.

Yo, robot ha tenido una influencia duradera en el vocabulario de la ciencia ficción. Desde su publicación, las tres leyes de Asimov se han convertido en algo común en muchas historias en la que participaban seres artificiales. Asimov creó las Tres leyes de la Robótica con el supuesto tácito de que los robots se convertirían en seres más inteligentes y físicamente más fuertes que sus creadores humanos, y para tener una manera de salir airoso en un supuesto malfuncionamiento.

Las Tres Leyes de la Robótica

1. Un robot no debe dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto cuando tales órdenes entren en conflicto con la primera ley.

3. Un robot debe proteger su propia existencia mientras dicha protección no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Una menor, pero no menos notable influencia de Asimov, es la acuñación del término “positronico”, una palabra estrictamente inventada para describir una teórica tecnología electro-neuronal que permite crear robots con complejos cerebros. Este término fue inmortalizado por su uso en Star Trek: The Next Generation, donde el androide Data tenía un cerebro con esas características.

Las historias en Yo, robot generalmente implican alguna premisa inteligente en el que las Tres Leyes se estiran hasta el límite, dejando donde uno o varios protagonistas humanos resuelven la situación. Por cierto, el titulo Yo, robot no pertenece a Asimov, sino que es título de un relato de robots escrito por Eando Binder (seudónimo de los hermanos Earl y Otto Binder).

Robbie es una historia relativamente sencilla en la que un primitivo modelo de robot es usado de niñera o compañero de juegos de una pequeña, cuya madre, eventualmente se opone a que su hija esté siendo criada por una ‘máquina sin alma’.

Círculo vicioso nos introduce al dúo humorístico Powell y Donovan, quienes son encargados de probar los nuevos robots. La pareja se encuentra varada en Mercurio cuando su nuevo robot tiene problemas para conciliar las leyes Segunda y Tercera.

En Razón, Powell y Donovan se enfrentan a un robot convertido en fanático religioso que se niega a creer que fue construido por seres humanos, a quienes considera “inferiores”.

En Atrapa esa liebre, la pareja se encuentra en el cinturón de asteroides tratando de solucionar un problema con un ‘robot múltiple’, un equipo de trabajadores mecánicos que consiste en un robot controlando a seis auxiliares.

Mentiroso presenta a una joven Susan Calvin, que intenta averiguar si la fábrica (aparentemente) a fabricado por accidente un robot capaz de leer las mentes humanas.

La Dr. Calvin vuelve en El robot perdido, en la que un robot militar potencialmente peligroso, que eludiendo la Primera Ley, se oculta en un cargamento de robots idénticos a él.

En Fuga, Donovan y Powell envían involuntariamente, en un vuelo intergaláctico de pruebas, a un travieso robot.

En Evidencia, la diferencia entre un robot y un político no es tan grande como se podría creer.

En El conflicto evitable Susan Calvin investiga lo que parece ser un mal funcionamiento de los supercomputadoras que gestionan los recursos del planeta.

Yo, robot tipifica la alegría, la energía y el optimismo que tenía la ciencia-ficción en la Edad de Oro. Las máquinas con alma pueden estar pasadas de moda hoy en día, pero en las manos de Asimov, acero y ‘cerebro positrónico’ tiene una calidez y una humanidad que pocos autores con éxito de hoy pueden tener en sus creaciones. Los lectores actuales de ciencia-ficción son más sofisticados y quizás más cínicos, pero para los que saben apreciar el contexto histórico y literario de Asimov, Yo, robot todavía ocupa un lugar destacado en la lista de lectura obligatoria.

En 1982, esta colección se integró en su totalidad por una más larga y más completa, lacónicamente titulada The Complete Robot. Sin embargo, Yo, robot se ha mantenido en forma impresa en su forma original hasta la fecha.

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