Un nuevo comienzo para Colombia.

1 de agosto de 2016

Nos encontramos ad portas de finalizar uno de los conflictos más largos y tortuosos en América, una de las guerras más oscuras y sanguinarias.

Hace muchos años un profesor de bachillerato de Nombre Jorge Luis nos habló en plena clase de sociales sobre la insensibilidad que podemos llegar a desarrollar como sociedad debido a la influencia de los medios de comunicación, los cuales por más de 50 años han venido presentándonos los horrores de una guerra en sus múltiples facetas. Víctimas y victimarios (combatientes de ambos lados y civiles de todos los niveles económicos) resultado de un oscuros pasado lleno de ideologías políticas ambiciosas, arbitrarias en opresión y poder.

No es fácil olvidar todas estas imágenes llenas de sangre y dolor ocasionadas para debilitar a los gobiernos de turno o simplemente obtener el intimidante terror que sólo pueden generar las armas y el miedo, pero si logran perdonar las víctimas del conflicto como Ingrid Betancourt o Sigifredo López y muchos otras personas… No será tiempo de pensar que ya es hora.

La paradoja de la situación y desde un punto de vista religioso en país laico y creyente es la notable indiferencia de mayoría de fieles que prefieren sobre poner sus argumentos en unos cuantos temas o puntos controversiales “ideología de género” “Supuesto Castro/chavismo” lo cual les pesa más que la continuidad del derramamiento de la sangre, el crecimiento del número de víctimas de la guerra en Colombia (desplazamiento forzado, homicidio, mutilaciones por minas, secuestro, tortura, reclutamiento de menores, despojo de tierras, agresión sexual, amenazas y atentados, desaparición forzada y robo de bienes.) que en este momento ya supera más de los 8 millones desde 1985 según el Registro Único de víctimas — Colombia y lo cual es absolutamente reprochable por parte de su creencias basadas en el perdón y la reconciliación.

Acaso la fé que tanto se pregona en amor, perdón, oración, reconciliación no tiene nada que ver con el aportar un granito de arena para la finalización del conflicto que tanto sufrimiento le ha traído a las personas más pobres del país y que para evadir el tema simplemente reafirma la frase en sus múltiples variaciones:

  • Paz nunca va a haber.
  • Nunca va a haber paz.
  • La paz nunca se dará.
  • La paz sólo la dará Cristo.

Innegable señores que eso duele mucho.

Esperemos que si gana el No, no seas tú quien en un futuro esté llorando la pérdida de ese ser que tanto amabas, la mutilación de uno de los miembros de tu familia o el secuestro de alguien cercano ya sea por este o por algún otro grupo, porque más que un plebiscito por la paz, es el crear un precedente en la historia de nuestra nación para romper el círculo vicioso en el que nos encontramos, en un país naturalmente bello y diverso repleto de riquezas inexploradas y todo por no saber perdonar para seguir adelante.

El domingo se cierra o se abre una nueva etapa, neurálgica y muy importante para nuestro país, nunca me había involucrado tanto en un tema tan trascendental y el cual he despertado en mí gran pasión y activismo, mucha sabiduría y compromiso con esta decisión tan importante y que decidirá el futuro para más de 49 millones de habitantes.

“La paz la construimos todos no importa donde nos encontremos”

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