Fio Silva y el arte de la naturaleza

Tiene 24 años y hace 4 se dedica a dibujar y pintar paredes. En la facultad leyó un apunte que, durante un proceso de búsqueda interior por la pérdida de su amor, fue el disparador de su trabajo. Así empezó a darle vida a las paredes de su barrio, en Villa Tesei, donde encontró “una seguridad que antes no existía”.

Texto: Agustina D’Elia @agusdelia


A Fiorela Silva le gusta lo instintivo. Dibuja y pinta animales porque siente que expresa mejor las ideas. “Me gusta representar cosas orgánicas. En lo que haga, tiene que haber movimiento y dinamismo”. Las plantas son su otra atracción; especialmente los árboles, ya que “son la analogía del funcionamiento de casi todas las cosas”.

INSPIRACIÓN E IDEOLOGÍA

Se apoda “Fio” y se considera sensible, pero no sentimental. Le gusta pensar acerca de la vida, del tiempo y de las relaciones humanas. A través de sus representaciones libera y muestra sus emociones, con el objetivo de intervenir en las paredes de la calle porque, para ella, “todo es vida”.

El arte le otorgó un “sentido y seguridad que antes no tenía”. Sin dudas, sabe que es su camino a seguir. Según la filosofía de esta artista urbana, se trata de una actividad social, de experiencias que la ayudan a crecer; motivo por el cual le gusta viajar sola cuando participa de algún festival fuera del país. “Al estar sola, pienso que estoy en ese lugar por algún motivo, y tengo que tratar de vivir el día a día de la mejor manera que me salga”.

Elige intervenir en las calles porque es un desafío. “Tal vez la pintura desaparezca en algunos años, y lo acepto”, además le gusta que haya libertad absoluta. Un episodio que representa el concepto fue la crítica de una señora mayor hace un tiempo.

-¿Ese mural lo pintaste vos? –preguntó la mujer.

-Sí –respondió Fio.

-Está lindo, pero tiene colores que te ponen triste. Y si vos estás triste, ves ese mural y te pones peor.

Automáticamente, pensó cómo se sentía el día que hizo el mural. Sabe que estaba en otro momento de su vida, y que tenía dudas. Con el tiempo, se amigó con el color y entendió que podía ser un elemento más en sus ideas.

En sus pocas horas libres visita amigos o mira películas y documentales que les dejen una idea. Este es su objetivo en las paredes o murales que pinta. “Me gusta que la persona pase por el lugar y se mueva algo dentro suyo”. Con un estilo de vida agitado, “sin fines de semana y esas cosas”, pinta y viaja todo el tiempo. No se imagina ejerciendo otra profesión que no sea vinculada a la creatividad.

AZUL

No todo fue pinceles y colores en la vida de Fio. Terminó la secundaria y se anotó en el CBC para estudiar diseño de imagen y sonido, en Ciudad Universitaria. Si bien considera que era “bastante nerd”, abandonó la carrera faltándole un año y algunas materias de segundo para recibirse. Tenía dos horas de viaje y aparte, era camarera en un catering para eventos, donde conoció a Ramiro Ferreri, quien le enseñó cocktelería. Su trabajo de barwoman se superpuso con el interés que le había surgido por la pintura y prefirió esta última, debido a la libertad que tiene de expresarse, de manejar sus tiempos y recorrer el mundo.

En un principio, la familia estaba en desacuerdo en la decisión de Fio. Sus padres (un ingeniero en sistemas y una maestra) les decían que sería difícil vivir del arte, y que lo mejor era estudiar una profesión como sus hermanos (profesorado de historia, ingeniería en sistemas y diseño de indumentaria). Sin embargo, Fio dejó de lado la recomendación, apostó a su interés por comunicar vida a través de la naturaleza, y a la frase de un apunte sobre técnica e historia del dibujo: “Hacer presente lo ausente”. La consigna que leyó fue el “leimotiv” que adoptó, y así convirtió su vida en azul, el color que le gusta. “Me hace acordar al cielo, a lo inmenso”. Con su habilidad, Fio había descubierto su vocación y la manera de transmitir vida. Lo más fascinante para ella es crear, ya que implica poner algo en un lugar donde no estaba. Y, de esta forma, es como entiende el arte urbano, “Cuando ponés un mural en una pared vacía, le agregás contenido, color”.

LOS PASOS

Por más que opina que fue “horrible”, jamás se olvidará de su primer dibujo, en una plaza de Flores, “Hice un árbol con tres aerosoles que una amiga me había regalado para mi cumpleaños”. Con la práctica perfeccionó su estilo y aprendió a mezclar los colores. Al principio, tenía dos pinceles, uno un poco más grande y el otro más chico para delinear. Usaba látex blanco o negro, y compraba entonadores para revolver con el blanco. Recuerda que “gastaba la menos posible; no entendía que no iba a alcanzar un rojo a menos que lo compre en una pinturería”.

Los días pasaron y su método cambió, ahora va a la pinturería de su tía, en Morón, con un listado de colores, y agarra lo que necesita. Su técnica es la percepción y se basa en los tonos primarios. A veces, debe blanquear la pared o hacer un trabajo de albañilería, para después concentrarse en el dibujo. La perturban las fotos para copiar, y rara vez tiene una imagen a modo de guía, en su celular. “Me cuesta pre visualizar el mural; termina de una manera que ni yo sé. Me gusta resolver una pared sin depender de una imagen, y crear un estilo con sentido”. Opta por la imaginación, y por hacer lo que tenga ganas en el momento, que salga de lo común. Tampoco suele titular sus trabajos, solamente se acuerda de “Libertad”, el mural que pintó en la Isla Kalamata, en Grecia, gracias a que la invitaron a dar una charla TED, en la que habló acerca de su historia y personal, su experiencia y su arte.

Fio Silva es un sello internacional. Ganó el concurso The Next Big Thing, un festival que reunió a 107 mujeres del graffiti y arte urbano de 40 países para encontrar a la prometedora y promoverla. En marzo viajó a Europa y, en día internacional de la mujer, pintó en el túnel londinense Leake Street, en compañía de más de 150 artistas.

Las horas de producción de la obra son indefinidas y nada deja para el día después. Cuando empieza a recrear se esmera por terminar, a excepción de que la pintura requiera de varios días de desarrollo. Primero, prepara la pared y marca el dibujo con un aerosol. Después, usa uno de los diez pinceles que siempre lleva para pintar con látex o hidroesmalte con color. Con el aerosol también da sombras, luces u efectos; éstos conforman la terminación junto con una línea en negro, azul oscuro o bordó. El propósito es el de emparejar el trabajo y que se vea integrado.

POR EL MUNDO

Fio admite que se cultiva pintando con sus pares, ya que le resulta interesante relacionarse y conocer distintas técnicas. Es un método de capacitación alternativo. Por ende, otras formas de componer, ideas nuevas que se complementan. Si tiene que compartir murales, pretende que se note la fusión entre ambos artistas, que generen un producto sólido para obtener un resultado novedoso. Su lugar preferido para pintar es en su barrio, vestida y calzada cargada de pintura. “Soy bastante despreocupada con la ropa, me ocupo de lo que estoy haciendo, porque después es eso y nada más”, reconoce.

De igual manera se inspira cuando pinta en el exterior, y se involucra en su trabajo escuchando música. “Por lo general, arranco un mural con un tema que me active, bien arriba” (su lista de reproducción incluye Damas Gratis, Chancha vía Circuito, bandas de Zona Oeste y canciones que le recomendaron de alguna banda de afuera).

Su condición de artista la traslada a su cuerpo. Y, aunque ella misma no se tatuó, seleccionó minuciosamente los diseños que llevará por el resto de su vida. El primero que se hizo fue un árbol en la espalda. A continuación, señala el lado izquierdo de su cintura y nombra a “los pájaros”. Sigue por la pantorrilla, donde tiene el tercer tatuaje, y nombra a “Seher”, el grafitero mexicano creador de la pintura que un tatuador le improvisó en el cuerpo.

Por el momento, solamente se dedica a pintar y no tiene planes de enseñar, pero es una posibilidad para cuando sea más grande. Igualmente, esta joven artista argentina tiene la agenda completa hasta febrero del 2016. En noviembre participará de un festival de mujeres latinoamericanas en Quito, Ecuador. Desde ahí viajará a Miami por el Art Basel Miami Beach. Luego seguirá trabajando en Argentina, y en febrero partirá a La Habana, Cuba, a encontrarse con una chica que la contactó desde Ámsterdam porque trabaja con escuelas y casas de cultura, en diferentes partes del mundo. Entonces, la invitó a coordinar un proyecto con ella, y pintará en la casa de la cultura junto con los chicos del lugar. +

MOVIMIENTO

Como de costumbre, el “boca en boca” funciona. En el sector de diseño industrial de Nike buscaban gente que pinte en la calle. De casualidad, uno de los encargados en el armado de un nuevo local de la marca le preguntó a un amigo si conocía a alguien, y fue así como ese chico de Hurlingham le pasó los datos de Fio Silva.

El proceso de creación fue paulatino. Fio recibió un brief de la marca con los conceptos que querían en el mural, y ella armó tres bocetos. El elegido fue modificándose, hasta lograr el que está en mega tienda Nike Buenos Aires, recientemente inaugurada en Alto Palermo Shopping.

Inspirado en el movimiento y en el deporte, la intención de la inventora fue crear una imagen abstracta y figurativa sobre un soporte de madera que represente a un atleta, o a cualquier persona, con la intención de llegar a un determinado lugar y cumplir su objetivo. Con dos días de trabajo, la artista se limitó a pintar en escala de grises debido a la estética del local y con una paleta de azules porque representa a la Ciudad.+

Esta nota se publicó en la edición #55 de Revista 90+10.


Publicado originalmente en 90mas10.com el 6 de noviembre de 2015.

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