Fuente desconocida.

Cuentos espaciales.

I. El viaje.

Me contaron los astros, en una noche como esta, la misión intergaláctica de tres pequeños extraterrestres.

El plan consistía en encontrar una piedra milenaria que se dice que llega, arrastrada por la corriente, a las costas de la vía láctea.

Fueron elegidos por sus características innatas: la sabiduría del libro, la magia del fuego y el arte del pellizco.

Dispuestos a partir, los tres extraterrestres prepararon sus petates; gasolina, comida y una guitarra para amenizar el trayecto.

Cerca ya del destino, la nave empezó a fallar echaba humo negro por la parte frontal.

¡Dále al intermitente y párate aquí delante, ahí, donde el rótulo que pone «Venta Er Compare»!

La leyenda dice que al entrar a por herramientas el ventero les ofreció un brebaje sospechoso, como de un tono amoratado, rojo o quizás burdeos.

Nuestros protagonistas se miraron dubitativos, pues nunca habían probado nada en ese estado. La sorpresa llegó al primer trago; qué delicia, qué bebida, qué manjar, exclamaron.

Las prisas por arreglar la nave habían desaparecido, descansarían esa noche y mañana proseguirían.

La decisión estaba tomada, pidieron otra ronda y hasta altas horas de la noche estuvieron disfrutando de la venta y de su gente.

Entre vasos, risas, ritmos y compases pedían rondas y rondas cantando: ¡dame más vino, dame de beber! ¡dame más vino, que tengo sed!

A la mañana siguiente, con los primeros rayos de sol, fueron despertando uno a uno nuestros tripulantes con legañas en la boca y sequedad en los ojos se miraron y comenzaron a reír, qué noche más buena la que pasaron y qué pocas ganas de arreglar la nave tenían.

Descansamos el día de hoy y ya partimos mañana, pensaron; pero cada noche que pasaba era mejor que la anterior, la bebida mágica les evadía y no tenían ninguna intención de continuar su camino, así que pasaron los días y decidieron abortar la misión, se pusieron en contacto con la torre de control y les reportaron su situación.

Vivirían en la venta, siéndole de ayuda en cualquier tarea a «Er Compare», disfrutando de la gente que pasase por la allí, y noche tras noche cantando la canción que decía: ¡dame más vino, dame de beber! ¡dame más vino, que tengo sed! ¡dame más vino, dame de beber! ¡dame más vino, que tengo sed!

ÁMM.