A las personas que más amo

A veces digo que me da igual todo, pero eso no significa que me dé igual todo. Significa que la exploración, el descubrimiento y mi propia escucha están por encima de todo porque estoy extremadamente ciclotímico y frágil. Un pequeño estrés o una situación difícil me afectan más de lo habitual y mis contradicciones me queman la piel. A poner dificultades viene mi mente, que siempre ha sido el motor de mi cuerpo cuando debería ser al revés. Me hace falta aceptar mi ser y me hace falta no hacer daño a nadie y me hace falta cortar todo lo que haga que me hagan daño. No puedo aceptar relaciones verticales, de poder o de mentira.

Tengo muchos pensamientos y tengo sobretodo muchos impulsos. Voy caminando siempre siempre siempre hacia adelante por un camino nuevo, feroz, maravilloso y quiero que sea así: natural, de pura descubierta.

Es como si tuviera nuevo cuerpo y aprendiese a vivir de nuevo. Me caeré, me equivocaré mil veces. Pero juro que mi vida me importa y que respeto mi cuerpo y con él los cuerpos que conforman la gran red de afectos que es mi ser. No hago distinciones.

Es por lo dicho que necesito un absoluto y extremadamente drástico cese de consejos no pedidos, de sentir que hay quien tiene miedo por lo que pueda pensar o por lo que pueda querer. NECESITO sentir que la gente que me quiere tiene una fe absoluta en mí y, por encima de todo, es de vital importancia sentir que me es permitido equivocarme.

Por favor, sé que no lo hacéis para torturarme ni dudáis de mi inteligencia ni mi espíritu. Esto sobretodo va escrito para las personas que más me quieren y más me han dado en mi vida. Sé que el miedo a que me enganche al pasado o que viva una vida no propia o de que hable tanto de la muerte viene porque me queréis con locura. Pero DEJADME CAGARLA.

Y dejadme deciros que ayer hizo 6 meses que murió Paula. Que tuve que cambiar de casa, de barrio, de rutina, de todo. Es durísimo. Todo es nuevo. Hace muy poco de todo. Poquísimo. Aún tengo que reordenar las cosas de nuestro piso, que están tal cual en las estanterías. Aún tengo que cambiarme el fondo de pantalla del móvil. Mil cosas así. Es durísimo lo que paso. Ya sé que lo sabéis, pero creo que a veces leéis mis actos sin tener este factor en cuenta.

Os da miedo que me quede petrificado en el pasado. Os da miedo que viva para homenajear a Paula. Tal vez os da miedo que no haya ligado porque no quiero nada que no sea ella.

No, no y no. Dejad de tener miedo. Y si cometo errores dejadme tenerlos. Dadme solo cariño, lo sabéis hacer muy bien y es lo que me da energía y vida.

Vuestro miedo es traducido en mi cuerpo como juicio y me quita literalmente el sueño y el hambre y las ganas de vivir. Sé que no podéis evitar. Lo siento, hay una contradicción entre vuestro instinto de miedo y mi instinto de que me afecte. No es textual que no me importe nada: me importa saber que no estoy solo y que soy aceptado por quien quiero. Si hago una fiesta de homenaje a Paula o me hago una cresta o me hago vegano o okupo una masía o me pongo vestidos, mientras no haga daño a nadie, creo que merezco escucha y tener, si no aceptación absoluta, al menos el don de la duda.

Mi mayor anhelo es vivir vivir vivir y conocer a gente y aprender y transmitir y crear vínculos fuertísimos que produzcan admiración y risas y sexo y crecimiento. Hacer fluir montones enormes de energía.

Paula estará siempre, igual que están nuestras bisabuelas en todo lo que hacemos. Pero he aceptado que no la volveré a ver, copones.

Sé que probablemente este escrito es egoísta. Es también muy sincero. Intentad entender lo que quiero decir y hablemos todo lo que haga falta. Os quiero. Us estimo. Vi voglio un monte di bene.

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