Escribo esto desde mi nuevo hogar

Artur
Artur
Sep 9, 2018 · 4 min read

Tanto quejarme que en Barcelona el aire es mierda y que hay ruido y que vivía en un piso sin luz y todo tal, al final me tenía que poner a buscar algo o me volvería un gruñón sin remedio. En seguida supe que La Floresta era el pueblo donde quería vivir. Está al lado de Barcelona pero está en medio del bosque. A los pocos días de dar voces tuve la inmensa suerte de encontrar un sitio al que el cuerpo gusta de ir a dormir, despertarse, cocinar; un sitio al que llamar hogar y al que tengo ganas de volver siempre.

Escribo esto desde mi nuevo hogar. Es una casa enorme con terreno, huerto, una piscinica (quién me iba a decir a mí) en la que tengo dos habitaciones y sobretodo: silencio, espacio, luz, aire. Somos mucha gente, si no nadie se lo podría permitir, pero hay espacio para todas y la verdad es que nos llevamos genial, es muy comuna. Además están Betty y Rocco, dos compas perros, y Pepita, la gata que endereza este gatriarcado y que le da nombre a la casa: Vila Pepi.

Dejo mi UCI, el piso al que fui en el momento más duro de mi vida y que me ayudó tanto a salvarme. Ya en el tanatorio Gina y Arnau me dijeron que su piso era minúsculo pero que les gustaría que yo me fuera para allí. De alguna forma me hubiese sentido muy cómodo hiendo a casa de mi madre, pero me horrorizaba pensar de quedarme solo hasta las seis o siete de la tarde, y quizás mi cuerpo lo hubiese tomad como un paso atrás. Me fui con mis colegas, rechazando por lo menos otras diez ofertas para vivir que aún hoy recuerdo y que agradezco enormemente. Tuve la suerte de que me fue ofrecido todo.

Ya he hablado mucho del dolor de esos días. De esa niebla espesa de irrealidad que me comía y me circundaba. Tardé meses en darme cuenta qué significaba dejar el piso de Paula y mío. Tardé meses en darme cuenta de lo bestia que fue la mudanza. El tapar los agujeros y pintar de blanco las marcas de vida.

De lo que no he hablado es de lo feliz que he sido con Arnau y con Gina. Nada me ha curado, nada, más que salir cada día de la habitación y encontrarme, en este orden, a Arnau, “buongiorno” y a Gina “hola bonico!” o a una u a otra. ¿Cómo pueden dos personas tener una presencia que calma? Fue una convivencia preciosa, preciosa. El momento de llegar a ese piso era un momento horrible y me veía de pronto en una cama ínfima, en una habitación que da a un patio de luces y con mil cosas en mi habitación del otro piso: una bici, una escalera enorme, un tendero… Dios. Y estaba absolutamente destrozado, ahora me recuerdo y me doy escalofríos. ¿Se puede estar más perdido y en shock en esta vida? Pues Gina y Arnau allí estuvieron, cada día de estos año y medio largo, estando, apoyando, siendo partícipes de todas las energías. La casa era un poltergeist de emociones, allí pasaron cosas muy fuertes en mi corazón y en mi mente, pasaron cosas que nunca nadie tendría que vivir. Y nos unimos, me mimaron desde la autonomía, como uno más, sin que se notara que yo era el enfermito. Me daban mi espacio para llorar, para reír, hasta para dormirme y llegar tarde al trabajo (Carol, te debo media vida también ❤). Y lo hemos pasado genial. La verdad es que nunca había convivido con colegas y me parece que ha quedado el listón muy alto, porque nunca hubo una pelea o un resquemor, porque la inmensa confianza que había nos permitía decir “oye esto límpialo que da mierda asco” o “dijiste que hacías esto y no lo has hecho, mapache tuerto”, y ya.

Hago terapia, he quedado con mucha gente, hemos hecho fiestas y recuerdos, he escrito, me han mimado por todas partes tantas amistades y familia con tanto mimo que nunca hubiese pensado que existía, pero nada me ha curado más que esta comunidad. Nada me ha curado más que este huevo calentito y seguro con Gina y Arnau. Esta trifuerza junta pero autónoma, comuna de un amor no-romántico que ya hoy es eterno.

Gina, Arnau, ja sabeu que no marxo lluny. Ja he vingut més cops a casa que entre setmana quan tinc feina. I encara que fos a Colòmbia, estaria sempre a prop. Us agraeixo de tot cor que existiu i hagueu existit en un moment així. Ningú no podria desitjar amigues i companyes de penúries millors mai. Us estimaré sempre. Jo hi seré sempre.

Como todos los huevos, al ser un pollito más grande y desarrollado poco a poco fue rompiéndose y salí. Ojalá el piso se hubiese ensanchado a medida que me ensanchaba yo. Ojalá se hubiese movido al bosque. Pero como no sucedió, al final el pollito salió con cansadas lágrimas de felicidad y se fue, xino xano, a su nuevo hogar.

Ya acumulo la nostalgia de la casa de mi madre, en la que ya tenía nostalgia de mi hermana y mi padre, la nostalgia de Paula y ahora Arnau y Gina. La nostalgia poco a poco se vuelve enorme agradecimiento. De momento cuesta salir de casa sin un “ciao bello” o un “adéu bonicu”, y lloro un poco ahora aunque también sonrío afortunado. Pero es lo que tiene tener tan lleno el corazón y de hacer red, que cuando se mueve se nota.

    Artur

    Written by

    Artur

    Paulatinamente

    Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
    Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
    Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade