Molaría que la ficción superara la realidad
Cuando era pequeño mi abuela se cambió de tele y la vieja, que era un trasto vetusto con todos los botones estropeados menos dos o tres, nos la apropiamos mi hermana y yo. No sé cómo accedieron mi madre y mi padre a que tuviéramos una tele en la habitación en la que dormíamos. Yo creo que fue por la absoluta colonización de la tele que habíamos hecho desde siempre. Seguramente a mi madre le tenían que explicar las noticias el día siguiente en el trabajo:“no es que hemos estado viendo el Son Goku gravado en VHS hasta las once de la noche, que ayer fue el niño a entrenar y no lo vio tampoco. Cuéntame cuéntame qué cosilla le ha pasado al mundo.”
La tele en la habitación nos hizo hacer trapelleries. Un día echaban Scream, teníamos 9 y 14 años aprox, y nos mandaron a la cama de golpe. Estuvimos medio minuto calladas, comprobando que las puertas estaban cerradas y encendimos la tele al mínimo absoluto de volumen. A lo mejor la vimos en mute, ni idea. El caso es que cuando terminó la peli nos sentimos tan mal y eramos tan buenas niñas -sobretodo yo, que no podía mentir — que fuimos al comedor y les dijimos “lo sentimos hemos visto Scream en la tele”. Y nada, no pasó nada, supongo que fliparon que fuéramos a decirles sin que nos hubiesen pillado. Eso sí, no lo volvimos a hacer porque el día siguiente nos moríamos de sueño.
Un placer culpable que creo que nunca conté a nadie fue el de ver los toros. A mí de pequeño me fascinaban los toros. Sabía que eso era una aberración. Madre mía lo que está haciendo este tío vestido raro con los huevos apretados y flipado, madre mía que les está clavando mandangas pero qué diantres está haciendo joder. Me parecía impresionante que existiera eso y lo echaran en la tele a las cuatro de la tarde. La corrida en sí me horrorizaba y me fascinaba a la vez, me parecía algo muy obsceno, morboso y por qué no decirlo elegante y mágico. Muy transgresor. No tenía ni idea de lo que era ni le encontraba lógica en los valores que yo creía que imperaban en nuestra sociedad. El caso es que nunca se lo conté a nadie, creo.
Hoy en día la tauromaquia, para mí, solo tiene un problema: que exista. Si no existiera, me parecería algo bestial, muy loco y demencial, muy interesante. Como la elección de arma vengadora de Bruce Willis en Pulp Fiction o las trampas para ganar la máquina que hace Kurt Russell en La Cosa. Es un problema muy problemático no poder ver que aunque algo sea una maldita pasada están torturando y matando a animales y se están regodeando en medio de sangre, especismo, tradicionalismo y enaltecimiento de lo macho.
Cuánto hemos vivenciado, aprendido y hasta evolucionado con esas obras de arte, de teatro, películas, leyendas, historias, ensayos y artículos sin tener que vivir de verdad situaciones violentas. Cómo molaría pararnos algunas vez a ver pelis y a leer y sobretodo a dialogar abiertamente y no aprender nunca nada por la muerte de nadie.
