Poema (Paula Pizarnik)

No he leído aún hoy todos los poemas de Paula. Me quedan cientos. Y me quedan apuntes, notas, dibujos. Cuando la necesito mucho mucho no me falta papel para reencontrarla, redescubrirla e incluso conocerla un poco más. Su forma de escribir es tan orgánica, tan directa, tan desde el hígado y a la vez rica y llena que cada vez que leo un mismo poema suyo es como comerme distintas manzanas del mismo árbol. Descubro y viajo y siempre de distintas formas. Es apasionante. De todos los poemas que me dedicó, el mayor regalo que nunca me han hecho, hay dos que me los escribió en cartulina y con colores. Son, junto a mi retrato, mis bienes materiales más preciados.

También la redescubro y vivo cosas de ella que no conocía con autoras que sé que la marcaron enormemente y que aún no había leído con profundidad. Cuando murió, nos pusimos con Sara a buscar textos, canciones y chorraditas para que el funeral fuera un poco fiesta. Una Acción de Gracias Loqui. Un algo un poco apaulado. Lo primero fue buscar un poema para el flyer de la fiesta (el recordatorio, que hostia si alguien tiene dos que me dé uno, que no cogí). Primero pusimos el primer verso de un poema suyo, por supuesto. Luego Sara dijo “PIZARNIK”. Y fuimos a la librería de nuestra casa y allí estaba el libro de Pizarnik de Paula. Con papelitos haciendo de punto de libro. Y había uno de los poemas que nos jodió la vida porque era perfecto para el flyer.

Hoy, 8 meses y 3 días después de esa búsqueda (que inició un día después de su muerte) he vuelto a leer a Alejandra Pizarnik con el mismo libro de Paula. He abierto la página en la que había el poema del flyer, con ese papelito que nos ayudó a encontrarla. El caso es que el papel está plegado por encima de la página, así que no podemos saber si marcaba esa o la anterior.

Lo que sé perfectamente es que de la misma forma que Paula nos interpeló tantísimo con la página 46, hoy me sorprende hablándome con la anterior: