Una palabra que nunca dije

Nunca te dije una palabra, amor. Y ahora siento que quiero decírtela. Que me hace bien decírtela.

Empecé a vislumbrar esta palabra hace dos semanas. El día 29 fue tu cumple. Hizo 25 años que naciste, pero tú cumpliste 23 años. 23 años por tercera vez. Ya es una tradición. Lo de que el tiempo no pasa para ti te lo tomaste un poquito a pecho, digo yo.

Qué maldito dolor sentí ese día. Fue horroroso. Son estos días en los que se me juntan los dolores y como me cojo fiesta y veo a tanta gente que quiero y leo y camino, me sirven un montón para ver dónde estoy. Esta vez no solo vi mi sitio sino que también vi el tuyo. Muy claramente. Y vi muy claramente que te alejas. Y esa palabra se hizo un poquito mayor en mi cuerpo.

Soñé cuatro días después de tu cumple que hacíamos nuestros juegos silenciosos de miradas frente con frente, con sonrisas de paz y de un amor que es capaz de lo que nunca será capaz una espada, un lápiz o una brizna de fuego. No sentí dolor ni tristeza, puesto que ya los había sentido fuertemente esa semana. El sueño me hizo ilusión, disfruté realmente el poderte ver en la intimidad. Ver otra vez esa sonrisa que todo el mundo recuerda. Esos rizos. Esa mirada encendida.

Te amo, Paula, y mientras te amo con esta calidad y cantidad tan especiales, tan cosmogónicas, siento profundamente que te alejas. Una cosa no quita la otra.

Y sé que yo te puedo hablar en segunda persona hasta que me dé la mierda gana. Sé que puedo amarte hasta que haga falta. Sé que la razón no podrá quitarme mis sentimientos de verte en mi piel y en tantas otras y en el aire, y en las zizañas, y en el Segre, y en los gestos de Lucía. No voy a hacerme el fuerte, voy a pasar por lo que tenga que pasar y te voy a invocar siempre que lo necesite. Sentir que te alejas no hace que dé la espalda a mis otros sentimientos.

Por otro lado, también sé que quizás necesito reinventar y mimar mi propia definición del amor. Porque cada vez veo más claramente que el amor es un baile. Un baile donde cada persona define límites, deseos, curas y historias. Si las personas que en teoría se aman no bailan juntas yo no creo que sea amor. Creo que es deseo o es recuerdo o es pose o es respeto o es rito. Y yo contigo no puedo bailar más. Eso es lo que vivo claramente. ¿Que te quiero? Por supuesto, de una forma envidiable, profunda, luminosa y variada. Te quiero entera y más allá. Lo que me pregunto es si puedo amarte muerta. Así, sin bailar. Quizás no. Y me duele muchísimo, horrores, Leviatanes en mis costillas, pero quizás mi trabajo actual es dejar de utilizar esta palabra para ti para poder decirla a personas vivas.

El sitio en el que te encuentras en mi mente, mi cuerpo y mi corazón, el hecho de que nuestro baile se frenara y el dejar poquito a poco de tener miedo a que te vayas hacen que quiera decirte algo.

Algo que no frena ningún sentimiento hacia ti. Ni que te hable en segunda persona. Ni siquiera que considere que una parte mía es tuya. Es algo que te digo porque hasta ahora no supe ubicarnos ni a nosotras juntas ni por separado. Es una palabra que me permite quererte tanto como sienta sin sentir por eso que me pesas.

Paula, amor, hoy siento muy profundamente que quiero decirte una palabra que nunca antes te quise decir:

Adiós.