Consejos para maecitos

Querido maecito: tratemos de ser menos bestias juntos ❤

Ayer circulaba aquel video de la ciclista que persigue al camión donde viajan sus acosadores. Circulaba también un artículo de The Guardian refutando la veracidad de los hechos grabados en el vídeo.

Ocurre que Nati Briceño comienza una compilación de anécdotas sobre estrategias para lidiar con el acoso callejero y aparecen montones de historias espantosas. Y un famoso comediante decide cuestionar la veracidad de estos relatos. Se le arma un montón, absolutamente justificado, por su ausencia de sensibilidad (y seso).

Estructuralmente hay una repetición, parece que se demanda una precisión fáctica de todos los relatos como necesaria para sostener el enunciado fundamental, el acoso callejero existe y es una conducta que culturalmente aún no recibe la denuncia y criminalización proporcional al acto.

Partiendo de un supuesto hipótetico: si todas esas historias fueran falsas, ¿el acoso callejero se vuelve más legítimo? Sencillamente no, si ocurriera de vez en cuando sería igual de lamentable, pero parece que bastaría una coma de más para poder justificar la ola de agresiones que viven las mujeres, la mitad e la población del mundo, a diario.

Ahora, yo soy un maecito. No tengo opción. Además de eso, soy un maecito bastante privilegiado: tengo títulos universitarios, recursos culturales y económicos, dos dedos de frente, dos gatas y hasta a veces soy guapo. Y por eso creo que hay que darle el beneficio de la duda a algunos elementos que tal vez no han tenido acceso a las generosas explicaciones que yo he recibido y pues me dispongo a echarles una mano. Porque yo creo en la buena voluntad de todos los jetas de este país, y le atribuyo su bestialidad a la falta de peloteo. Y además creo que todos somos bien bestias y podemos mejorar.

  1. Incomodémonos.

El lío de género inicia porque las condiciones no son iguales. No se moleste en debatir las cosas en las que percibe que las mujeres tienen una ventaja; hay diferencias sí, en las que salimos ganando siempre. Usted nunca ha caminado por la calle pensando “esas tres muchachas de la esquina podrían violarme si quieren”. Ellas no sólo piensan eso a diario, es cierto. Yo peso el doble que la mayoría de mis amigas, y estoy condicionado culturalmente a la violencia, me doy de golpes todas las semanas por deporte, y la mayoría de las mujeres han sufrido acoso sexual en algún grado por alguien que se parece a mí.

El tema no es que una mujer no podría violarme, estadísticamente ocurre mucho menos, pero además yo no tengo en mi mente ese miedo, ellas (todas) sí. Y es un miedo fundado en la ocurrencia, en la cantidad de veces que esto pasa, siempre, en todo el planeta. Por amigos, por familiares, por extraños.

Ni usted ni yo, querido maecito, sabremos nunca lo que se siente que no te den un trabajo porque existe la posibilidad de que quedés embarazado. Preguntále a cualquier reclutador mayor de 35 años. Esto existe. No sabemos qué se siente ser peor sujeto de crédito porque no te casaste, preguntále a cualquier agente del banco, ser mujer y soltera es un factor de riesgo, a mí el BAC me ha prestado lo que me da la gana y eso que no valgo nada.

Por eso incomodarse un poco es hurgar nuestros privilegios, dejar por completo de “defendernos” (porque no es un ataque) de las historias, olvidemos el “yo no soy así”, no es un tema de culpas, es un tema de producir nuevas reglas culturales y para eso tenemos que bajarnos del pedestal de “mae tuanis”. Pongamos atención, de verdad ejercemos montones de privilegios con el espacio, con las porciones de comida, con los usos de la palabra.

Había un mae que decía que cada vez que se cruza con mujeres en la calle hace un enorme esfuerzo por alejarse, por darles espacio, por no verlas intensamente, sólo porque sabe que existe la posibilidad de que tengan miedo. No es un tema de pensarse como agresor, sino de reconocer una desigualdad en el uso del espacio público y modificar la conducta.

2. Sí es conmigo

A menudo el recurso A es mostrar cómo son otros los maes que acosan, que abusan, cómo somos mejores que esos. Si eso es así (maes tuanis hay), es consecuencia del trabajo de mujeres y hombres (pero más mujeres) que nos han dado recursos para ser menos bestias. Pero eso no quiere decir que seamos menos privilegiados. ¿De qué vale defender lo buenos que somos si legitimamos las conductas que producen los privilegios?

Reconozcamos que este es un fenómeno cultural que nos cae encima, ojalá sin que así lo queramos. Por supuesto que no es mi culpa, yo no inventé el patriarcado, pero aquí estamos y todos sufrimos las consecuencias y no tenemos opción.

Tal vez a veces nos es difícil ver la escala en que ejercemos nuestro privilegio, el mae que acosa en la calle metiendo mano está estructuralmente haciendo lo mismo que el novio que insiste en opinar sobre cómo se viste su pareja: es un acto de violencia, en distinta proporción, pero en la misma calidad. No conozco un sólo maecito que no tenga estos vicios, gay, heterosexual, joven, viejo, poliamoroso o monogámico. Lo difícil es verlo cuando uno lo hace. Yo traté de hacer cuenta de mis machismos y me sorprendí de lo bestia que soy. Tal vez otros pueden hacer lo mismo.

Y ya que estamos aquí, no mae, no es cierto que es culpa de las mamás que así educan a los chiquitos. La crianza es una función comunitaria en la que todos participamos.

3. Las maes son personas

Una de las cosas más difíciles de percibir en el mundo del día a día es que las muchachas hasta son personas. No es un chiste, es un lamento. Cuando alguien dice que por qué se viste así, está restándole toda la agencia, toda la condición de sujeta, la individualidad, como si necesitara que algún tercero aprobara sus decisiones. Suponga que alguien se pone un escote prominente, puede ser por el calor, puede ser para que lo vea alguien en particular, pero ciertamente no es problema mío. Nadie me invitó a verlo, nadie preguntó mi opinión. Y ningún mae que yo sepa ha tenido que dar una explicación de por qué se viste así en frente de una agresión que sufrió.

“Mejor deseada que sobrada” lo único que enseña es que ella no tiene deseos propios. Culturamente estamos completamente dispuestos de modo que las mujeres siempre quedan relegadas al plano secundario, usualmente después de un mae. Por ejemplo, existe el fútbol y el fútbol femenino. Existen las mamás y las hermanas, que no hay que acosar, pero las mujeres, como entidades independientes, tienen menos mérito. No mae, piense que cada muchacha es como usted, siente varas y todo. En serio, esto es fundamental y es de lo más desigual en las relaciones de género, que son relaciones de poder. Todas las relaciones de poder inician cuando uno le resta a la otra parte su humanidad de alguna manera.

Cada vez que se sienta medio burro, imagínese qué opinaria de un mae que está en la misma situación que una muchacha. Y hasta podemos ser personas juntos.

4. ¿Cómo hacemos?

Empezar por ver el lío. Decir “este problema existe” y yo estoy en el lado privilegiado es indispensable. Y reconocer que existe el acoso callejero y que es un problema no requiere que nos echemos la culpa. Eso no sirve de nada. Pero de nada. Lo que sirve es encontrar nuestras conductas micromachistas y tratar de cambiarlas.

Así que algunas notas:

  1. El acoso callejero es una vara, no lo cuestionemos, no lo minimicemos, tratemos de señalarlo juntos.
  2. No es no, cuando sea, ella no me está calentando, es que yo no puedo tomar un “no” como respuesta.
  3. No es mi culpa, no tengo que defenderme; tengo privilegios que no escogí pero puedo escoger cómo los ejerzo y cómo los minizo.
  4. La cultura completa es machista, el enemigo es el machismo, no la gente, no las mujeres, no el feminismo. La cambiamos en conjunto.
  5. Su cuerpo su decisión, su ropa, sus hábitos sexuales. Lo siento, su cuerpo. No es mío, no es tuyo, es de ella.
  6. Cuéntele a un compa, si ya tiene algún toque para ser menos bestia. Regañe a su tata, si el mae se pasa de bestia.
  7. Matice la vara: ser menos machista permite disfrutar más la vida. Nadie está excento, cultura machista, sujetos machistas, pero se puede mejorar.
  8. Tengo unos privilegios, puedo andar sin camisa y lo más probable nadie me agreda. A ellas las agreden a diario. Manda huevo.
  9. Deje de lloriquear por si ellas pagan la cuenta cuando salen o no. Eso no es un privilegio estructural. Googoleelo.