EL FÚTBOL NO TIENE LA CULPA

El fútbol, ese deporte hermoso e incomprensible, consiguió, sin querer, que sus “seguidores” sobrepasen las barreras que establecen la lógica y el sentido común, situación que preocupa y mucho. Hoy en día, el “22 tontos corriendo detrás de un balón”, como en alguna ocasión lo definió mi hermana cansada de que no la dejara ver algo diferente en el televisor de la casa, se ha convertido, sin tener la más mínima culpa, en la tragedia de familias. El deporte más lindo del mundo es objeto de amores y odios por sus diversas e indescriptibles formas de cautivar a los individuos que lo ven, lo viven y lo sienten.
En vísperas de una nueva edición del clásico vallecaucano, ese que debería estar adornado de mujeres sin par, con América y Cali saliendo a ganar, hoy para muchos así no podrá estar. En la actualidad, el clásico en el pascual está “engalanado” por delincuentes disfrazados de hinchas, por personas que no comprenden el propósito del fútbol: alegrar corazones. Es triste ver cómo la coyuntura actual invita a pensar más en salvaguardar nuestras vidas que en disfrutar de un partido de fútbol donde los protagonistas son los equipos de mayor tradición en nuestra ciudad; es frustrante que los consejos de nuestros padres el día del encuentro futbolístico sean “no te pongas una camiseta verde/roja” o “no salgas de casa, estará muy peligroso”; es desolador el panorama de Santiago de Cali cuando hay un clásico. Me duele que un deporte que tiene como fin fortalecer relaciones, estrechar lazos y unir a las personas, sea motivo de preocupación, de temor.
Estoy cansado de “hinchas del América le propinaron unas puñaladas a hinchas del Cali”, de “hinchas del Cali están robando a todo el que pase por la setenta”, de “hay un enfrentamiento entre las barras bravas rojas y verdes a las afueras del Pascual”; no más, ¡BASTA!. Cambiemos el chip, es tiempo de repensar ese fanatismo estúpido que le hace tanto daño a nuestra ciudad, a nuestras familias, a nuestros amigos. Sí, no es “sólo fútbol”, lo sé y lo comprendo porque así lo vivo; también sé la importancia de replantear el “es más que un deporte”.
El fútbol es un instrumento de cambio, generador de alegría, forjador de carácter, protector de infancias; es una herramienta educativa de un calibre inigualable, fomenta valores como el respeto, la responsabilidad, la pertenencia, la tolerancia, la solidaridad y la lealtad. No me permito decir que sólo es un deporte más, el fútbol ha aportado mucho a lo que soy y por eso me aflige tanto lo malo que pasa a su alrededor, no admitamos que unos pocos sigan manchando su historia.
Por favor, les pido con el corazón en la mano que recuperemos la esencia del deporte más lindo del mundo, que dejemos de vernos como enemigos por llevar camisetas de distintos colores con diferentes escudos estampados, que disfrutemos del folclore futbolero sin actuar como seres irracionales. El fútbol no tiene la culpa de que existan los drogadictos, no tiene la culpa de que existan los ladrones, no tiene la culpa de que existan los asesinos, no tiene la culpa de ser el disfrute de quién quiera disfrutarlo, no tiene la culpa.
Sólo quería desahogarme o tal vez abogar por el deporte que me apasiona, tratando de hacer que los que sólo ven la violencia que se le atribuye de manera errada sepan que va mucho más allá. No espero que comprendan la inmensidad de la pelota y el alcance que puede llegar a tener, sólo quiero que entiendan que para mí y sé que para muchas personas más, el fútbol es amor. Hagamos que prime el respeto y la tolerancia, no queremos ver a más familias sumergidas en la tristeza por culpa de unos inadaptados que no comprenden la grandeza de un equipo de fútbol y todo lo que hay detrás. Vivamos el fútbol en paz, por favor. Muchas gracias.