Alicia

Nos gusta el destino si caminamos dormidos. Recordamos, con cada paso que damos, que estamos solos y eso se nos hace espantoso…

Se nos olvidan los nombres con la distancia y sacamos fotos de poses sueltas. Como si fuera cierto, decimos que sí. Como si nos quisiéramos, nos hablamos.

Soñamos conversar sentados en un parque, con la brisa que nunca llega moviendo nuestro cabello. Tú me miras y ves vacío, porque no estoy nunca, no contigo, no conmigo, no con nadie.

Somos hojas sueltas que flotan grises en el aire de primavera, una estación que no conozco pero que tú vives.

Abrazaría el invierno contigo si pudiese, pero no será así nunca. El invierno es tuyo y con él, ese frío infernal que no me deja tocarte. Y aún más tu egoísmo, puro y fuerte, desvencijado con el tiempo… como el mío.

Si tan solo fueses capaz de entenderme y gritar mi nombre. Pero no. Solo hablas y siempre susurrando.

No te escucho yo, ni mi silencio. Y te huyen los pajarillos mientras nos sentamos en esta vieja banca sin nombre, en este parque sin lugar, en este invierno sin nieve, en tu mirada sin mi reflejo, en tus labios sin dueño.

¿Por qué la distancia, Alicia? ¿Por qué el olvido? ¿Por qué este invierno no tiene nieve y tú no tienes más fotografías? Las soñamos una vez ¿Recuerdas? 
 Nos encontramos en una nube. Yo hacía figuras en el cielo y tú disparabas tu cámara. Me hacías reír y a cambio yo te hacía cosquillas. Nos quedamos en el techo de una casa perdida, con un nombre sin lugar y vieja por todas partes, desde las ventanas hasta el piso ¿Y nosotros? Dormidos o mirando al cielo.

Nunca me mostraste las imágenes en que reímos juntos. Tal vez no existían, tal vez las escondes porque no quieres verme. Tal vez solamente somos nombres en lugar de fotografías.

Debería buscar tu nombre Alicia, puede que esté en algún sitio. Soy algo disperso, ya sabes. Lo guardé en algún lugar y no sé si lo encontraré. O tal vez nunca me lo diste y lo soñé también.

Alicia, mira por la ventana. Tal vez ahí encuentres a quién mirar.