Como funciona el asunto de la integración de los musulmanes

Han sido pocas las voces que avisan del peligro que para las sociedades europeas tiene la masiva entrada de miles de emigrantes procedentes de países musulmanes y son escasas porque es muy difícil articular un discurso medianamente construido contra unas imágenes de televisión y, un coro bien pensante de manos en teléfonos móviles y tabletas.

Imágenes de televisión ¿verdad? ¿Han visto alguna de África? y de Asia ¿han visto alguna de Pakistán o, de las islas del sur de Filipinas en esos informativos de corresponsales que ya no saben leer, porque quizá ni sepan escribir? No se molesten, no las verán. La presión que los medios de comunicación ejercen sobre los políticos con programas de trabajo para el próximo cuarto de hora, se produce siempre desde el lado en el que no pasa nada (Europa e Israel), porque en el otro (Siria y alrededores próximos y lejanos), te juegas la vida o, directamente, te la quitan. Y claro, esos medios de comunicación, sus dueños, sus intereses, sus presentadores y el colectivo de opinadores del todo a cien que besan todo lo besable, no tienen reparo moral en montar hoy un espectáculo sobre la enfermera contagiada de ebola y el sacrificio de su perro y mañana sobre el de los niños sirios ahogados en el Mediterráneo.

Lo otro tiene peor solución y eso que la famosa “multiculturalidad” de finales de los años noventa del siglo pasado ocupa ya su lugar en las bibliotecas. La teoría de este apaño se fundaba en dos ideas: (i) todos somos iguales y (ii) todos tenemos culturas susceptibles de mezcla y por tanto, perfectamente encajables dentro de la misma sociedad. Y fracasó porque ni todos somos iguales, ni la ley es la misma para todos (los musulmanes cuando son mayoría tienen muy claro el valor de los ordenamientos ajenos al suyo), ni las culturas pueden mezclarse.

Y escribo que tiene peor solución porque a la presión del número, se suma el del conjunto de idiotas (no cabe otro vocablo) que cree en la integración basada en la educación (en valores, que se me olvidaba la adjetividad). Integración en valores que concluye cuando el grupo minoritorio, que sabe que no pasa nada, se ríe de los segundos, mientras deja la integración en la puerta del vecino. Cuando son mayoría la cosa no tiene remedio.

El pasado 16 de junio de 2015 el Tribunal Superior de Justicia de Madrid dictó una sentencia desestimando el recurso interpuesto contra una sentencia dictada por el Juzgado de lo Contencioso Administrativo nº 8 de Madrid, que había confirmado la decisión de la Dirección del CEIP “Príncipe Felipe” de Madrid, denegatoria de la petición de que se eliminara la carne de cerdo y sus derivados sustituyéndolo por otro alimento similar en valor nutricional para el menú escolar de una menor.

El último párrafo de la sentencia dice literalmente esto:

En el caso de menús escolares, debe recordarse que se trata de un servicio voluntario y no obligatorio, y que, de acuerdo con la doctrina jurisprudencial reseñada aplicada al caso que nos ocupa, no puede reclamarse, cuando no se desatienden la racionalidad, la proporción y el respeto a terceros, que la libertad religiosa deba llevarse al extremo de exigir que el servicio público articule una organización individualizada para cada ciudadano, que ofrezca para cada interesado un servicio a su medida que sea acorde con sus particulares creencias.

El día 13 de octubre de 2015 fue la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo la que dictó una sentencia confirmando una condena a una familia de Pakistán que había retenido a una mujer que había manifestado su voluntad de separarse de su marido. Todos los miembros de la familia la vigilaron para evitar que se fuera, la insultaron, haciéndole reproches y diciéndole que no podía divorciarse ni avergonzar a su familia.

En el presente caso eran conscientes de que privaban de libertad a la víctima y le anulaban su libertad ambulatoria. De hecho, todos ellos participaron, con una u otra contribución, en la efectividad del encierro. Y nada indica en la causa que las creencias -y las carencias- culturales que reivindica la defensa puedan desplazar la vigencia de los principios y valores sobre los que se construye nuestra convivencia. La protección penal de la libertad forma parte de nuestro patrimonio jurídico. La libertad es uno de los valores constitucionales proclamados por el art. 1 CE. Se trata de un principio metaconstitucional, que no necesita siquiera ser expresamente declarado. Las convicciones culturales y sociológicas de otros pueblos no pueden ser tuteladas por nuestro sistema cuando para su vigencia resulte indispensable un sacrificio de otros valores axiológicamente superiores. El papel secundario y subordinado que algunas sociedades otorgan a la mujer nunca podrá aspirar a convertirse en un valor susceptible de protección. Ni siquiera podrá ser tenido como un principio ponderable ante una hipotética convergencia de intereses enfrentados. La libertad de Tania fue radicalmente cercenada por su familia. Lo fue cuando le impuso un matrimonio que no quería y cuando la encerró en el domicilio paterno para evitar su integración social y neutralizar cualquier intento de desarrollo de su proyecto existencial como mujer.

Ellos no engañan. Y ahora, si les place, les dejo para que sigan viendo la televisión y apretando a dos manos y con las orejas teléfonos y tabletas.